Los mercados internacionales vivieron este lunes una jornada marcada por la extrema volatilidad del precio del petróleo, que llegó a rozar los 120 dólares por barril antes de desplomarse horas después hasta el entorno de los 88 dólares. El movimiento, poco habitual incluso para un mercado acostumbrado a las tensiones geopolíticas, provocó fuertes sacudidas en las bolsas internacionales y encendió las alarmas en el sector energético.
El repunte inicial estuvo impulsado por el temor de los inversores a una interrupción del suministro global ante la escalada de tensión en Oriente Medio y las amenazas sobre rutas estratégicas de transporte de crudo. Sin embargo, a lo largo de la jornada el mercado giró bruscamente ante señales de que el conflicto podría contenerse, lo que desató una oleada de ventas y una caída acelerada del precio.
Los analistas advierten de que esta montaña rusa en el crudo refleja la fragilidad actual del mercado energético mundial. El petróleo sigue siendo uno de los principales termómetros de la economía global y cualquier tensión en su suministro se traslada rápidamente a inflación, transporte y carburantes. En Europa, y especialmente en territorios dependientes del exterior como Canarias, la evolución del barril seguirá marcando el precio final que pagan los consumidores en las gasolineras.