Fue todo muy previsible. Una oposición con ganas, pero sin fuerzas, frente a un Clavijo contemporizador, siempre pendiente de sacar a colación la caótica política española cuando fuera menester. Y es que la incapacidad crónica de Pedro Sánchez para sacar adelante sus políticas se ha convertido en un arma formidable para los líderes autonómicos que, con mejor o peor estilo, buscan ese espejo para confrontar con el PSOE. En el caso del presidente canario, en tono frío, pero conciliador.
El portavoz socialista, Sebastián Franquis, cumplió el pronóstico respecto a sus credenciales parlamentarias: tiene mucho oficio, pero poca pegada. Al diputado grancanario le salió una intervención un tanto deslavazada, marcada por una sucesión de datos con poca disciplina argumental. Franquis recurrió a un argumento lógico, aunque muy poco original, a la hora de plantear su enmienda a la totalidad del discurso matinal de Clavijo. Una vez planteada la pregunta de cajón, ¿están los canarios mejor que hace tres años?, Franquis se respondió con una cascada de reproches no demasiado bien estructurada, centrada sobre todo en los incumplimientos de las promesas electorales de CC y PP, como esa rebaja del IGIC que ya no vendrá en esta legislatura (ni en las próximas, esa bala ya estará gastada en los comicios de 2027) y, en particular, la baja ejecución presupuestaria y la elevada cuantía de los fondos europeos aún sin gastar. Pero se trata de argumentos tan fríos como los números que en ocasiones inundan los debates públicos y permiten a los portavoces políticos torturar a las estadísticas hasta obtener el resultado deseado por cada cual. El portavoz del PSOE empleó también algunas frases para buscar disensiones entre los dos socios de gobierno, una verdadera misión imposible en este Pacto de Hormigón no declarado que han formado CC y PP por encima de asuntos que en otras circunstancias podían haber generado alguna crisis política seria.
En la réplica, Clavijo limó con palabras conciliadoras la ya escasa mordiente de la intervención de Franquis y acto seguido recurrió a su mantra más querido: plantear el “modo canario” como una marca poco menos que infalible y reprochar al portavoz socialista su cerrazón al diálogo (que el presidente canario busca que sea adhesión) respecto a los cuatro grandes pactos formulados en el discurso inaugural del debate. El líder de Coalición Canaria ha hallado un yacimiento caudaloso de capital político en el Decreto Canarias y lo piensa exprimir todo el tiempo posible, sobre todo porque el PSOE aún no ha encontrado el antídoto (en estos tiempos tan bélicos podríamos hablar de escudo defensivo) para combatir esa herramienta, en la medida que la propuesta socialista de aprobar decretos en las Islas carece de sentido con unos Presupuestos en vigor. Lo demás fue un baile de cifras recíproco y un debate de guante blanco, el escenario más cómodo para el gobernante. La cordialidad en los debates parlamentarios, esta es la paradoja, ofrece pocos titulares, pero también resulta muy de agradecer. Y además será útil si esta confluencia entre gobiernos, central y canario, se pone de manifiesto en la negociación del nuevo marco financiero de esa Unión Europea tan desorientada por los acontecimientos recientes.
La intervención de Luis Campos, ahora líder máximo de Nueva Canarias, actuó como segunda voz de la oposición en este debate vespertino e hipotenso. El diputado grancanario tiró por elevación con una alusión general a la barbarie planetaria de tiempos presentes, tan irrebatible como ineficaz si el objetivo era plantear una objeción dañina para la labor del actual Gobierno de Canarias, que no anda especialmente versado (ni interesado) por la política exterior más allá de lo que atañe a sus funciones específicas, aquellas que afectan a sus competencias. En el plano doméstico, Campos aludió al hecho de que el pacto CC-PP se ha encontrado con un contexto económico muy favorable, lo cual es cierto, pero tampoco puede ser motivo de reproche, pues la coyuntura es un elemento esencial para una actividad tan vinculada al contexto como la política. Clavijo puede, en ese sentido, considerarse afortunado en la misma proporción que Ángel Víctor Torres cultivó la injusta fama de gafe. También criticó, como Campos, la rebaja fiscal incumplida, una acusación cierta pero poco contundente en el caso del PSOE y NC, pues ambos partidos se opusieron siempre a la reducción del IGIC. Queda la sensación de que ambos partidos de izquierda cargan ahora con el peso no de haber incumplido una promesa electoral, sino de haber sido realistas en una materia que ofrece muy escaso margen de maniobra.
El presidente canario estaba tan relajado con el discurrir de la sesión que, en su respuesta, retomó el modo canario como método y agradeció el tono de Campos, a pesar de que este le llegó a definir como “agente de Marruecos” por la celebración de un viaje oficial con empresarios al vecino de la costa africana. A eso se le llama tener capacidad de encaje. Lo dicho, mejor una balsa de aceite que una marmita de aceite hirviendo.