Vuelvo. Vuelve Heavy Metal. Aquella columna nacida en mis tiempos de Marca en Canarias, cuando el fútbol era excusa perfecta para hablar de poder, de política, de pasiones y de verdades incómodas. Hoy recupero ese espacio en La Gaceta de Canarias para decir lo que pienso. Acertado o no. Compartido o no. Y por si acaso, pido perdón por adelantado.
Pero no por España.
Hoy no puedo dejar pasar las palabras de Su Majestad el Rey Felipe VI en México, admitiendo abusos durante la conquista, y la respuesta —encantada— de la presidenta Claudia Sheinbaum celebrando ese acercamiento. Y aquí es donde, con todo el respeto institucional, digo: Majestad, se ha equivocado.
España no puede vivir permanentemente de rodillas ante su pasado.
Porque la historia no se juzga con los ojos del presente, ni se utiliza como arma política para sostener relatos interesados. México, le guste o no a algunos, nace de España. De un proceso complejo, duro, violento en muchos momentos, sí… pero también fundacional. Como todos los procesos históricos de construcción de naciones.
¿O acaso alguien cree que los imperios —todos— se levantaron con flores?
Lo que resulta llamativo es la selectividad del discurso. Durante años, Andrés Manuel López Obrador, y ahora su sucesora, han insistido en exigir perdones a España. ¿Por qué? Muy sencillo: porque es rentable políticamente. Porque construye relato. Porque distrae. Porque mantiene viva una narrativa de agravio útil para seguir en el poder.
Y en ese tablero, Majestad, usted dejó el balón botando.
¿Por qué no exigir también a Estados Unidos que pida perdón por arrebatar, a México más de la mitad de su territorio? ¿Dónde están esas declaraciones firmes frente a Washington? No las hay. ¿Por qué? Porque ahí no hay margen. Porque ahí no hay valentía política. Porque ahí no hay —permítanme la expresión— ni huevos ni ovarios.
Es más fácil señalar a España que enfrentarse a quien hoy tiene el poder real.
Y mientras tanto, aquí entramos en un terreno aún más incómodo. Porque si abrimos el melón de los perdones históricos… abramos todos.
Como canario, pregunto: ¿también va a pedir perdón por la conquista de Canarias? ¿Por la esclavización de los guanches? ¿Por la historia de Cathaysa, arrancada de su tierra? ¿Por lo ocurrido en La Matanza de Acentejo? ¿Por qué seguimos honrando figuras como El Adelatado Fernández de Lugo? ¿Qué papel jugó Fernando Guanarteme?
Si entramos en esa lógica, no acabamos nunca.
La historia fue lo que fue. Con luces y sombras. Con errores, abusos y también con avances, mestizaje, cultura y construcción de sociedades que hoy existen gracias a ese pasado. Negarlo o simplificarlo es una forma más de manipulación.
Por cierto, conviene recordar algo que muchos olvidan interesadamente: Hernán Cortés no conquistó México con 600 hombres. Lo hizo con el apoyo de miles de indígenas que estaban sometidos al dominio mexica. Hubo alianzas. Hubo conflictos internos. Hubo una realidad mucho más compleja que el relato simplista de “invasores contra víctimas”.
Pero eso no interesa contarlo.
Majestad, querer quedar bien con todos es, casi siempre, acabar equivocándose. España no necesita pedir perdón permanentemente para validar su lugar en el mundo. España debe conocer su historia, asumirla en su contexto y seguir avanzando con orgullo, no con complejos.
Porque si empezamos a reescribir el pasado con criterios de hoy, acabaremos destruyendo también el presente.
Y eso sí que no nos lo podemos permitir.
Esto es Heavy Metal. Y esto acaba de empezar.