Sánchez recompone con Argelia lo que rompió con el Sáhara tras el mayor choque diplomático y con el gas marcando el paso

España y Argelia han reactivado su Tratado de Amistad, poniendo fin a una crisis diplomática que estalló en 2022 tras el giro del Gobierno de Pedro Sánchez a favor del plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental. Aquel movimiento provocó una ruptura sin precedentes entre ambos países, con la retirada del embajador argelino y la congelación de las relaciones comerciales.

El conflicto tuvo además un trasfondo estratégico clave: la energía. Argelia, principal proveedor de gas de España —con cerca del 30% al 35% del suministro—, mantuvo el flujo pero tensó las condiciones y elevó la presión en plena crisis energética europea.

Ahora, con la visita del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ambos países han escenificado un deshielo que incluye la recuperación del tratado bilateral y el refuerzo de la cooperación energética, en un momento especialmente sensible por la inestabilidad internacional y el encarecimiento del gas.

El Gobierno español da por superada la crisis, pero el episodio deja una lección geopolítica evidente: el Sáhara sigue marcando la relación con Argelia y el gas continúa siendo el verdadero eje de poder entre ambos países.