El estrecho de Ormuz vuelve a situarse en el epicentro de la tensión global, con movimientos diplomáticos y militares que anticipan un posible refuerzo de la seguridad en una de las rutas energéticas más sensibles del planeta. Francia, con base estratégica en Emiratos Árabes Unidos, lidera los contactos para articular un bloque internacional que garantice el tránsito marítimo ante el aumento de la incertidumbre en la zona.
París busca consolidar una coalición flexible junto a socios europeos y países del Golfo, retomando el espíritu de iniciativas como la misión EMASoH, con el objetivo de proteger el flujo de petróleo sin depender exclusivamente del paraguas estadounidense. Emiratos ya ha mostrado disposición a integrarse en este tipo de estructuras.
Mientras tanto, España vuelve a quedar al margen de los movimientos clave en un escenario estratégico de primer nivel, manteniendo un perfil bajo en una crisis que puede tener impacto directo en los mercados energéticos y, por extensión, en la economía europea y canaria.