‘Canarias no tiene un problema de crecimiento, tiene un problema de resistencia’, por Víctor Portugués

Hay semanas en las que Canarias se pone a prueba sin previo aviso.

No ocurre en los discursos ni en los planes estratégicos. Ocurre cuando una borrasca obliga a cerrar negocios durante varios días, cuando se cancelan vuelos y se rompe la cadena de suministro, cuando una explotación agrícola pierde parte de su producción, cuando una industria o una pequeña empresa tiene que parar su actividad sin margen de reacción.

Esta semana hemos visto varias de esas situaciones al mismo tiempo. Y, aunque puedan parecer hechos aislados, en realidad forman parte de algo más profundo: la exposición constante de Canarias a un entorno cada vez más incierto.

Porque aquí, más que en otros territorios, lo inesperado tiene consecuencias inmediatas.

Una economía que funciona… hasta que deja de hacerlo

Durante años hemos construido una economía que, en términos generales, funciona bien cuando el entorno acompaña. El turismo responde, la actividad crece, el empleo se mantiene y los indicadores económicos transmiten una cierta estabilidad. Pero ese equilibrio tiene una condición implícita: que las cosas sigan funcionando con normalidad.

El problema es que esa normalidad cada vez es menos frecuente.

Basta con que se altere uno de los elementos clave —energía, transporte, clima o contexto internacional— para que el impacto se traslade rápidamente a toda la economía. Y eso ocurre porque Canarias no solo es una economía abierta. Es una economía altamente dependiente de factores externos que no controla.

El coste real de lo inesperado

A veces hablamos de crisis en términos generales, pero lo verdaderamente importante es cómo se materializan. Un temporal no es solo un fenómeno meteorológico. Es una empresa que pierde días de actividad. Es una industria que se para, un agricultor que ve reducida su producción, un comercio que deja de ingresar, en definitiva, se para la economía aunque sea temporalmente.

Una subida del combustible no es solo un dato económico. Es un incremento en toda la cadena de costes. Es menos margen para las empresas. Es más presión para las familias. Y así ocurre con cada elemento que se desajusta.

El problema no es que ocurran estas situaciones. Siempre han existido. El problema es la capacidad que tenemos para absorberlas sin que todo se resienta.

La resiliencia como nueva prioridad

Durante mucho tiempo hemos medido el éxito económico en términos de crecimiento. Más actividad, más visitantes, más inversión.

Pero cada vez resulta más evidente que esa medida es incompleta.

Hoy hay otra variable que empieza a ser igual o más importante: la capacidad de resistir cuando el entorno se vuelve adverso. La resiliencia, esa palabra tan de moda, no es una idea abstracta. Es algo muy concreto, en Canarias significa: tener sectores que no dependan exclusivamente del exterior, contar con empresas capaces de adaptarse rápidamente, reducir la vulnerabilidad de las cadenas de suministro y, por lo tanto, construir una base económica que no se detenga ante cualquier shock

Y en ese terreno, Canarias todavía tiene margen de mejora.

Lo que sostiene la economía cuando nadie mira

En momentos de dificultad hay algo que se hace especialmente visible: no todo el peso de la economía está en los grandes sectores. Hay una red mucho más discreta que sostiene la actividad cuando llegan los problemas. Pequeñas y medianas empresas que siguen funcionando incluso en condiciones complicadas. Sectores productivos vinculados al territorio que aportan estabilidad. Iniciativas empresariales que, sin grandes titulares, generan valor añadido real.

Esa economía menos visible es, en muchos casos, la que permite que el conjunto no se detenga. Y sin embargo, rara vez ocupa el centro del debate.

Prepararse antes de que ocurra

Uno de los grandes cambios de este tiempo es que lo inesperado ya no es excepcional. Es recurrente. Por eso, la verdadera diferencia entre territorios no estará solo en cuánto crecen, sino en cómo se preparan para lo que no pueden prever.

Eso implica anticipación, planificación y una forma distinta de entender el desarrollo económico. No se trata solo de atraer actividad.Se trata de construir una estructura capaz de sostenerla en cualquier escenario.

Un cambio de enfoque necesario

Quizá el reto más importante para Canarias en los próximos años no sea crecer más rápido. Sea cambiar la forma en la que medimos el éxito. Pasar de una economía que depende de que todo vaya bien a una economía que siga funcionando incluso cuando no lo hace.

Eso exige decisiones, estrategia y, sobre todo, una mirada más amplia. Porque en un mundo cada vez más incierto, la estabilidad no vendrá dada. Habrá que construirla.

Una idea sencilla, pero decisiva

Las noticias de esta semana, aunque puedan parecer desconectadas, apuntan en realidad en una misma dirección. Canarias no solo tiene que seguir creciendo. Tiene que empezar a preguntarse con más claridad, cómo quiere sostener ese crecimiento, cuando las condiciones dejan de ser favorables.

Porque en un entorno cada vez más inestable, donde lo inesperado forma parte de la normalidad, la diferencia no la marcarán solo los datos económicos. La marcará la capacidad de anticiparse, de adaptarse y de seguir funcionando cuando las cosas se complican. Ahí es donde se va a medir de verdad la fortaleza de un territorio.

Y quizá ese sea el cambio más importante que tenemos por delante: dejar de pensar solo en cuánto crecemos y empezar a pensar en cómo aguantamos. Porque al final, una economía no se pone a prueba cuando todo funciona.

Se pone a prueba cuando deja de hacerlo.

Víctor Portugués Carrillo

Economista