A veces no nos frena el miedo a fallar, sino no querer reconocer un error. Ni tener que corregir. Ni dar explicaciones. Porque dar un paso también es exponerse, aceptar que no siempre vamos a acertar y que muchas veces toca aprender mientras avanzamos. Y ahí es donde, sin darnos cuenta, el orgullo o el ego también nos frenan.
Pero quedarse quieto tampoco sale gratis. No decidir, no intentar y no moverse por no equivocarse también tiene un precio. Y muchas veces es más alto: oportunidades que se pierden, tiempo que no vuelve y la sensación de haberte quedado atrás por no haber dado el paso.
Equivocarse molesta, sí. A nadie le gusta. A veces toca corregir, parar y empezar otra vez. Pero incluso así, se avanza. Porque los errores enseñan, ayudan a mejorar y te hacen crecer. En cambio, no hacer nada sólo te deja dudas y la sensación de que podrías haber hecho más.
Este domingo, recuerda: no siempre hace falta tenerlo todo claro para avanzar. A veces basta con dar el paso. Porque casi siempre cuesta menos equivocarse que quedarse mirando sin hacer nada.
Pasen un buen domingo.
Randy Mendiguchía