El empleo doméstico vuelve a situarse en el foco tras la alerta de Cáritas Diocesana de Canarias, que denuncia la creciente precariedad y vulnerabilidad de un sector clave pero invisibilizado. Bajo el paraguas de la necesidad, miles de trabajadoras —en su mayoría mujeres y muchas migrantes— desempeñan su labor en condiciones marcadas por la irregularidad, la falta de contratos y la escasa protección laboral.
La organización advierte de que la economía sumergida sigue siendo una constante, impulsada tanto por la dificultad administrativa como por los costes de contratación, lo que deja a estas trabajadoras fuera del sistema de derechos básicos. Jornadas extensas, salarios bajos y ausencia de cobertura social dibujan un escenario de fragilidad estructural.
Pese a su papel esencial en el sostenimiento de los hogares y los cuidados, el sector continúa sin el reconocimiento ni las garantías necesarias. Cáritas insiste en la urgencia de medidas que dignifiquen una actividad imprescindible que, hoy por hoy, sigue atrapada entre la necesidad y la precariedad.