La nave Orion está a punto de cruzar el punto invisible en el que la gravedad de la Luna supera a la de la Tierra. Es ahí donde se decide todo. No hay espectáculo, no hay ruido… pero sí una precisión milimétrica: si el cálculo falla, no hay vuelta atrás.
Este paso marca el inicio del sobrevuelo lunar en una trayectoria de retorno libre, una maniobra que permite a la nave rodear la Luna y regresar sin necesidad de grandes correcciones de combustible. Durante el tránsito por la cara oculta, los astronautas quedarán incomunicados durante varios minutos, en el momento más simbólico y aislado del viaje.
La misión, que no aluniza pero sí reabre la puerta a la exploración tripulada del satélite, llevará a la tripulación a más de 400.000 kilómetros de la Tierra, una distancia que ningún humano alcanzaba desde el programa Apolo.
Tras completar el giro gravitatorio, la nave iniciará el regreso con una reentrada prevista a velocidades cercanas a los 40.000 km/h, una de las fases más críticas de toda la operación.