España vive una paradoja fiscal: el Estado nunca ha recaudado tanto y, sin embargo, muchas familias nunca han tenido tan poco margen. Desde 2018, los ingresos por IRPF y patrimonio han crecido cerca de un 86%, una cifra que refleja el músculo de Hacienda… pero también la presión creciente sobre los ciudadanos.
El fenómeno no responde solo a subidas de impuestos directas. La inflación ha hecho su trabajo: salarios que suben en lo nominal, pero no en lo real, empujan a miles de contribuyentes a pagar más sin ganar más. Es la llamada progresividad en frío, un mecanismo silencioso que engorda las arcas públicas.
En Canarias, donde los salarios están por debajo de la media nacional, el impacto es más duro. El encarecimiento de la vida, la vivienda y el consumo básico estrecha aún más el margen de los hogares. Aunque el IGIC es menor que el IVA, la presión sobre la renta se siente igual o más.
Con la campaña de la Renta a la vuelta de la esquina, el mensaje es claro: el Estado celebra cifras récord… mientras el ciudadano hace equilibrios para sobrevivir.