Heavy Metal, por Iván Bonales: «Defender a Canarias le vale a Clavijo el calificativo de «mezquino» para los analistas de La Sexta»

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Otra vez pasó. Otra vez Canarias solo existe para cierta televisión nacional cuando hay drama, tensión, enfermedad o tragedia. Y el operativo del MV Hondius ha dejado una sensación muy fea en muchísima gente de las Islas.

Lo visto estas horas en algunos programas nacionales ha sido directamente lamentable. En La Sexta, algunos analistas llegaron a calificar de “mezquino” al presidente canario, Fernando Clavijo, por algo tan simple como defender a Canarias y exigir explicaciones sobre una operación sanitaria internacional que Madrid manejó con improvisación, contradicciones y muchísimo ruido político.

Mientras aquí se organizaba un dispositivo gigantesco en puertos, aeropuertos, hospitales y cuerpos de seguridad, desde algunos platós parecía más importante intentar desgastar políticamente al presidente autonómico que entender la dimensión real del problema. Y en TVE la sensación fue todavía más extraña: preguntas buscando permanentemente la vuelta a las declaraciones de Clavijo para intentar que rectificara o suavizara sus críticas al Gobierno de España.

Como si defender a Canarias molestara.

Como si aquí hubiera que callar y agradecer.

Y mientras tanto aparecía la ministra de Sanidad, Mónica García, absolutamente superada por la situación. Probablemente la peor ministra de Sanidad de la última década. Y eso que es médica. Pero ni las formas, ni la comunicación, ni la gestión, ni la capacidad de transmitir tranquilidad han estado a la altura de una crisis internacional de este calibre. Más contradicciones que certezas. Más propaganda que liderazgo.

Lo peor es que esto ya lo hemos vivido antes.

Pasó con el volcán de La Palma. Pasó con la inmigración. Pasó durante la pandemia. Llegan las televisiones nacionales, convierten Canarias en un decorado de emergencia, utilizan nuestro dolor para abrir informativos y luego regresan a Madrid dejando detrás una mezcla de cansancio y utilización.

Y nosotros seguimos cayendo.

Seguimos perdiendo el culo por ayudarles cuando aterrizan aquí. Les resolvemos conexiones, contactos, producción, localizaciones y hasta problemas personales. Y algunos luego se permiten mirar a esta tierra por encima del hombro desde un plató en Madrid.

Lo más triste es comprobar que para muchos seguimos siendo eso: un territorio lejano que sirve para la postal turística… o para el espectáculo cuando hay crisis.

Después apagarán focos, desmontarán los directos y volveremos a desaparecer.

Hasta la próxima tragedia.