Cuba volvió a vivir una noche de máxima tensión social y política después de que amplias zonas del país quedaran prácticamente sin suministro eléctrico por el colapso del Sistema Electroenergético Nacional (SEN). La situación provocó protestas espontáneas, caceroladas y escenas de indignación en distintos barrios de La Habana y otras ciudades, donde cientos de vecinos salieron a la calle al grito de “libertad” y contra el régimen comunista.
El Gobierno cubano reconoció que atraviesa una situación energética crítica y admitió graves problemas de abastecimiento de combustible. Varias centrales termoeléctricas permanecen fuera de servicio y la falta de diésel ha llevado al límite una infraestructura envejecida que ya no logra cubrir la demanda nacional. En algunas provincias los apagones superan las 20 horas diarias.
Durante la madrugada circularon numerosos vídeos en redes sociales mostrando protestas vecinales, barricadas improvisadas y fuertes caceroladas. También se denunciaron cortes de internet y un amplio despliegue policial para contener las manifestaciones. La tensión recordó por momentos las históricas protestas del 11 de julio de 2021, las mayores registradas en décadas en la isla.
La crisis energética se ha convertido en el símbolo más visible del deterioro económico que atraviesa Cuba. La escasez de alimentos, medicamentos y combustible, junto a la inflación y la falta de oportunidades, han disparado el malestar social en un país exhausto tras años de crisis estructural.
Mientras el régimen atribuye el colapso a las sanciones estadounidenses y a la falta de recursos para importar combustible, sectores opositores y parte de la ciudadanía responsabilizan directamente al modelo comunista y a décadas de control estatal sobre la economía cubana.