Eurovisión desapareció este año de la programación tradicional de La 1, pero lejos de perder interés, el festival vivió en España uno de sus mayores seguimientos digitales de la historia gracias a YouTube y las plataformas online. La emisión oficial en la red se disparó durante la gran final y convirtió al certamen en uno de los contenidos más vistos y comentados de la noche en nuestro país.
Miles de espectadores optaron por seguir el evento desde móviles, televisores conectados, tablets y ordenadores, consolidando un cambio de hábitos que ya venía creciendo en las grandes retransmisiones internacionales. La conversación social también explotó en X, Twitch, TikTok e Instagram, donde Eurovisión volvió a monopolizar tendencias durante horas.
El fenómeno refleja además el nuevo consumo audiovisual de las generaciones más jóvenes, cada vez menos vinculadas a la televisión lineal y más acostumbradas a seguir contenidos en directo a través de plataformas digitales y redes sociales.
La polémica política y mediática alrededor del festival este año, marcada por las referencias a Palestina y el debate abierto en torno a RTVE y la UER, también incrementó la curiosidad y el tráfico online, generando cifras récord de interacción.
Expertos del sector audiovisual consideran que el caso Eurovisión confirma cómo los grandes eventos en directo ya no dependen exclusivamente de la televisión convencional para alcanzar audiencias masivas, especialmente entre el público menor de 40 años.