‘Canarias y la sensación de vivir siempre en condicional’, por Víctor Portugués

Últimamente hay una frase que se escucha cada vez más en Canarias, aunque casi nunca aparece en los discursos oficiales ni en los datos económicos.

“Vamos viendo.”

Se escucha cuando alguien habla de comprarse una vivienda. Cuando una empresa comenta una inversión que lleva demasiado tiempo esperando. Cuando un joven explica que no sabe todavía si podrá quedarse en las islas o tendrá que marcharse fuera. Incluso cuando una familia intenta organizar algo tan sencillo como su futuro a medio plazo.

Y quizá esa pequeña frase resume mejor que muchos informes una sensación que empieza a extenderse poco a poco en Canarias: la de vivir permanentemente en provisional.

No porque las cosas vayan mal del todo. De hecho, muchas cifras económicas dicen lo contrario. El empleo mejora, el turismo sigue funcionando y la economía mantiene actividad. Pero quizá precisamente por eso llama más la atención esa contradicción entre los buenos datos generales y la sensación cotidiana de que cuesta muchísimo construir certezas.

La dificultad de hacer planes

Hace años, muchas personas organizaban su vida siguiendo una secuencia más o menos previsible: estudiar, empezar a trabajar, acceder a una vivienda, formar una familia o emprender un proyecto empresarial.

Hoy esa sensación de estabilidad se ha debilitado muchísimo.

Muchos jóvenes viven con la impresión de que todo se retrasa:

la emancipación
la estabilidad laboral
el acceso a una vivienda
incluso decisiones personales importantes

Y eso acaba teniendo consecuencias que van mucho más allá de lo económico.

Porque cuando una sociedad pierde capacidad para planificar el futuro con cierta tranquilidad, también empieza a perder confianza colectiva.

 Empresas que viven esperando

Algo parecido ocurre en el ámbito empresarial.

En Canarias hay muchísimas empresas con ganas de crecer, invertir o modernizarse. Más de las que a veces se piensa. Pero muchas veces el problema no es la falta de iniciativa.

Es el tiempo.

Tiempo para una autorización. Tiempo para adaptar un planeamiento. Tiempo para desarrollar suelo industrial.Tiempo para ejecutar una infraestructura.

Y mientras tanto, el mundo sigue avanzando.

La sensación que aparece en muchos empresarios no es únicamente la dificultad. Es algo más frustrante: la incertidumbre permanente de no saber cuándo podrán realmente desarrollar sus proyectos.

Y en economía, la incertidumbre sostenida termina teniendo un coste enorme.

La provisionalidad también desgasta socialmente

A veces pensamos que los grandes problemas económicos se reflejan solo en cifras. Pero no siempre es así.

También se reflejan en el estado de ánimo de una sociedad.

Cuando las personas sienten que todo tarda demasiado, que nada termina de resolverse o que los proyectos importantes se eternizan, aparece una especie de cansancio colectivo silencioso.

No es pesimismo. Es desgaste. Y eso acaba afectando a muchas cosas:

Al emprendimiento
A la capacidad de asumir riesgos
A la confianza
Y hasta a la forma en que una generación imagina su futuro aquí

Canarias no tiene un problema de talento

De hecho, probablemente Canarias tiene hoy una de las generaciones jóvenes mejor preparadas de su historia.

Tampoco tiene un problema de capacidad empresarial. Hay empresas innovando, creciendo y adaptándose en sectores muy distintos.

Ni siquiera tiene un problema de oportunidades potenciales. Las islas tienen posición estratégica, conectividad, capacidad turística, potencial tecnológico y condiciones para desarrollar sectores nuevos.

El problema aparece cuando todo eso tarda demasiado en transformarse en realidad tangible. Y ahí es donde la sensación de provisionalidad empieza a convertirse en un riesgo estructural.

Un mundo que ya no espera

Quizá uno de los mayores cambios de esta época es que el mundo se mueve muchísimo más rápido que antes.

Las inversiones internacionales cambian de destino con rapidez. Las empresas compiten en entornos globales. El talento se mueve. La innovación avanza a enorme velocidad.Y mientras tanto, Canarias sigue arrastrando procesos que muchas veces avanzan con tiempos de otra etapa.

Ese desfase empieza a ser peligroso.

Porque un territorio no pierde oportunidades solo cuando hace las cosas mal. A veces las pierde simplemente porque llega tarde.

Recuperar la sensación de futuro

Probablemente uno de los grandes retos de Canarias en los próximos años no sea únicamente económico.

Sea recuperar algo mucho más importante: la sensación de que aquí también se pueden construir proyectos de vida y proyectos empresariales con horizonte, estabilidad y continuidad.

Que una persona pueda pensar en quedarse sin sentir que está renunciando a oportunidades. Que una empresa pueda invertir sin vivir pendiente de plazos interminables.
Que una familia pueda hacer planes sin la sensación constante de incertidumbre.

Al final, las sociedades avanzan cuando sus ciudadanos sienten que el futuro depende, al menos en parte, de su esfuerzo y de sus decisiones.

Y empiezan a bloquearse cuando todo parece excesivamente lento, incierto o provisional.

Una reflexión necesaria

Canarias tiene muchísimas fortalezas. Más de las que a veces reconoce.

Pero quizá haya llegado el momento de entender que el desarrollo no consiste solo en crecer o atraer actividad.Consiste también en construir un entorno donde las personas puedan proyectar su vida con cierta seguridad y donde las empresas puedan pensar a largo plazo sin que todo parezca siempre pendiente de algo.

Porque al final, una sociedad no se desgasta únicamente por las crisis.

A veces se desgasta simplemente por vivir demasiado tiempo sin certezas.

Y tal vez ese sea uno de los debates más importantes —y menos visibles— que Canarias tiene ahora mismo por delante.