2026 comenzó con un escenario económico que invitaba, cuanto menos, a la prudencia. Las amenazas arancelarias lanzadas por el presidente de Donald Trump, las tensiones derivadas del acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea, el conflicto enquistado en Ucrania y la prolongación de la tensión geopolítica con Irán hacían pensar que este podía ser un año complicado para la economía internacional.
Sin embargo, cuando nos aproximamos al cierre del primer semestre, la realidad económica está siendo bastante más sólida de lo que muchos analistas preveían hace apenas unos meses.
Y esto tiene una explicación importante: las economías modernas han desarrollado una capacidad de adaptación muy superior a la que existía hace décadas. Hoy convivimos con un entorno de incertidumbre permanente, y aunque eso no significa ausencia de riesgos, sí implica que empresas, mercados e instituciones reaccionan con mayor rapidez.
Las bolsas internacionales son probablemente el mejor reflejo de esta situación. A pesar de los titulares alarmistas y de la tensión geopolítica, los principales índices bursátiles han mantenido una evolución positiva durante buena parte del año. Los inversores, más que fijarse únicamente en el ruido político, están observando factores como la moderación de la inflación, la estabilidad del empleo y el mantenimiento del consumo.
Porque precisamente ahí está una de las claves de este 2026: el consumo privado continúa resistiendo. Y mientras las familias sigan consumiendo y las empresas mantengan niveles razonables de inversión, la economía continuará funcionando.
En Europa, además, se ha producido una situación que parecía difícil hace apenas dos años: La inflación, aunque continúa alta, no ha causado aún una recesión severa. El Banco Central Europeo ha conseguido enfriar algo los precios sin destruir completamente la actividad económica. Y eso, desde el punto de vista técnico, tiene bastante mérito.
España, dentro de este contexto, sigue mostrando un comportamiento relativamente positivo. No exento de problemas, por supuesto. Seguimos teniendo desafíos estructurales importantes: acceso a la vivienda, productividad, dependencia energética o determinadas debilidades del mercado laboral. Pero, al mismo tiempo, los indicadores macroeconómicos generales continúan ofreciendo una imagen razonablemente favorable.
El turismo vuelve a desempeñar un papel determinante. Y en Canarias esto se percibe con especial intensidad. Los niveles de ocupación, conectividad y llegada de visitantes internacionales siguen siendo elevados, consolidando al archipiélago como uno de los destinos más fuertes de Europa.
Es verdad que existe un debate creciente sobre el modelo turístico y sobre la necesidad de equilibrar crecimiento económico y sostenibilidad territorial. Pero desde un punto de vista puramente económico, el sector continúa siendo el principal motor de generación de empleo y actividad.
También es interesante observar cómo determinados sectores que parecían especialmente vulnerables a comienzos de año han mostrado una resistencia mayor de la esperada. El caso del sector agroalimentario europeo es un ejemplo claro. El acuerdo Mercosur-Unión Europea generó inicialmente mucha preocupación, especialmente entre productores españoles, ante el temor de una competencia desigual. Pero la aplicación práctica del acuerdo está siendo mucho más gradual de lo que algunos anticipaban, y eso ha reducido parcialmente la tensión inicial.
En definitiva, este primer semestre de 2026 nos deja una enseñanza económica bastante relevante: la incertidumbre ya forma parte estructural de la economía mundial, y tiene pinta de seguir siéndolo por mucho tiempo.
Eso no significa que debamos caer en triunfalismos. Los riesgos siguen ahí. La geopolítica continúa siendo extremadamente sensible, el endeudamiento global sigue en niveles elevados y cualquier alteración energética o comercial puede cambiar rápidamente el escenario.
Pero sí demuestra que, al menos de momento, la economía europea y la española están mostrando una capacidad de resistencia bastante notable.
Y quizá esa sea la palabra que mejor define este 2026 económico hasta ahora: resistencia y capacidad de adaptación a todo tipo de circunstancias sobrevenidas.
Jordi Bercedo
Economista