Hay ocasiones en las que las grandes transformaciones llegan sin hacer ruido. Mientras debatimos sobre turismo, carreteras, vivienda o inteligencia artificial, bajo nuestros pies existe una oportunidad que podría marcar el futuro económico y energético de Canarias durante las próximas décadas.
Hablamos de la geotermia. De ese calor volcánico que forma parte de nuestra identidad geológica y que, hasta hace relativamente poco tiempo, parecía una posibilidad lejana reservada para territorios como Islandia. Hoy la realidad es diferente. Canarias se encuentra entre los lugares de Europa con mejores condiciones para aprovechar esta energía limpia, constante y estratégica.
La gran ventaja de la geotermia es que no depende del viento ni del sol. Está disponible las veinticuatro horas del día. En unas islas que continúan dependiendo en gran medida del combustible que llega por barco desde el exterior, disponer de una fuente energética propia supone algo más que una mejora tecnológica: supone ganar soberanía.
Los estudios y perforaciones que ya se desarrollan en varias islas buscan responder a una pregunta fundamental: cuánto potencial real existe bajo nuestro suelo. Y la respuesta puede cambiar muchas cosas. Menos dependencia exterior, mayor estabilidad en los costes energéticos, menos emisiones y una economía más preparada para afrontar los desafíos del futuro.
Pero el impacto va mucho más allá de la electricidad. La geotermia puede convertirse en una industria capaz de generar empleo especializado, atraer inversión, impulsar la investigación y posicionar a Canarias como un referente internacional en innovación volcánica. Ya contamos con científicos, universidades y centros de investigación reconocidos en todo el mundo. Tenemos la materia prima y tenemos el talento.
Por supuesto, existen riesgos. Las perforaciones son complejas, las inversiones importantes y no todos los proyectos tendrán éxito. Sin embargo, pocas oportunidades estratégicas llegan sin incertidumbre. Lo importante es avanzar con rigor, conocimiento y visión de futuro.
Quizá llevamos demasiado tiempo mirando únicamente al horizonte. A veces la mayor riqueza de una tierra no está en lo que se ve desde la superficie, sino en aquello que permanece oculto, esperando el momento adecuado para transformar una sociedad.
Y puede que, esta vez, el futuro de Canarias no esté delante de nosotros.
Puede que lleve miles de años esperando bajo nuestros pies.
David Armas