El monólogo de Pepe Moreno: ‘La paradoja canaria’

Pepe Moreno en 'Políticamente incorrecto' de Atlántico TV.

Y el Laguna Tenerife, el viejo Canarias, hizo su trabajo inconmensurablemente. Le ganó el tercer partido al Real Madrid por 95 a 107 y lo eliminó de la pugna por el título. Ya lo decía ayer el editorial de La Gaceta de Canarias, que “hay victorias deportivas que pertenecen a una clasificación, a una estadística o a una temporada concreta. Y hay otras que trascienden el marcador para convertirse en una lección colectiva. Lo logrado por La Laguna Tenerife al eliminar al Real Madrid en los cuartos de final de la Liga Endesa pertenece a esta segunda categoría. Y con creces”. Fin de la cita. Y añadimos que lo logrado por el Canarias La Laguna es un paso de gigante y que no todo depende del presupuesto ni del nombre. El equipo de esta tierra lo demuestra cada día.

Por otro lado, el papa León XIV ya está en España. Llegó el pasado sábado y ha desarrollado una intensa agenda en Madrid durante estos días. Sin embargo, entre el aluvión de titulares resulta cada vez más difícil distinguir los hechos de las conclusiones apresuradas. Y, sin embargo, entender lo que está ocurriendo exige precisamente lo contrario: contexto, datos y análisis.

No llegará a Canarias, en concreto a Gran Canaria, hasta el jueves, cuando está previsto que recorra el antiguo “muelle de la vergüenza” de Arguineguin. Ese mismo día entrará en vigor el Pacto Europeo de Migración y Asilo, aprobado en el Parlamento Europeo con el respaldo de la derecha liberal y la socialdemocracia. Más allá de su retórica humanitaria, el acuerdo endurece las condiciones de entrada en la Unión, refuerza el blindaje jurídico de las fronteras y complica el acceso al asilo político.

El actual gobierno de Pedro Sánchez se ha apresurado a regularizar la situación de cientos de miles de migrantes llegados en la última década, pero el proceso avanza de forma caótica. Mientras tanto, siguen sin activarse los cambios normativos, organizativos y operativos que exige el nuevo marco europeo.

Aplicar el pacto obliga a reformar el sistema de gestión migratoria y las normas de protección internacional en la Unión y en España. Que el Gobierno no haya preparado todavía esa adaptación resulta llamativa; en el caso de Canarias, frontera sur de Europa, además, es preocupante. La alianza acelera los procedimientos de admisión o expulsión, impone controles biométricos, garantiza asistencia jurídica y fija estándares mínimos de acogida. Hoy, Canarias no dispone de recursos suficientes para asumir esas exigencias, y es probable que Andalucía tampoco.

Por cierto, he oído al presidente del Cabildo Insular de El Hierro, el socialista Alpidio Armas, decir que ni siquiera lo han invitado a los actos del Santo Padre en Gran Canaria o en Tenerife, y eso no se hace. ¿Qué hará el Papa en Arguineguin? ¿Cómo le explicará Pedro Sánchez todo lo que allí se vivió en el año 2020 que ni siquiera vino en esa época? ¿Será Onalia Bueno, la alcaldesa de Mogán, la que le cuente cómo hizo una manifestación en su pueblo? Y León XIV no irá a La Restinga, que es el actual puerto de desembarco de los cayucos. Son muestras de que la realidad va por un lado y los pensamientos de lo que nos gustaría, por otro.

Quizá el problema no sea solo que esos caminos van por sendas diferentes, sino la costumbre de convivir con la sospecha.

Las democracias con mayor confianza institucional no son necesariamente las que tienen menos investigaciones, sino las que asumen la responsabilidad política como parte de su cultura democrática. Allí, apartarse ante una situación comprometida se entiende como una forma de proteger la credibilidad de la institución.

Discursos cada vez más institucionales, decisiones comunicadas desde la perspectiva partidista y de impacto fácil, mentiras, negación de la evidencia e hiperliderazgos. Los políticos han caído en el populismo y el electorado cada vez confía menos en ellos. Algo a lo que se refirió el Papa en su primer discurso, pero al que a los políticos les entró por un oído y les salió por el otro, pero eso sí, aplaudieron a rabiar.

Ayer, por ejemplo, era el día del Corpus, algo que se nos ha olvidado, porque ya no se celebra el jueves, sino el siguiente domingo, y se engalanan las calles y sale en procesión la Santa Custodia. Lo que pasa es que nadie sabe aquel viejo dicho que dice: “Hay tres jueves al año que brillan más que el sol: el Jueves Santo, el Corpus Christi y el día de la Ascensión”, y es que en España se celebra el Corpus en domingo. Y ayer era el día para ello.

Sin embargo, hemos de fijarnos en la realidad que sucede en nuestro entorno. El sábado había una información que decía que el actual modelo turístico de nuestro archipiélago no ha servido en absoluto para mejorar el nivel de vida de los que viven aquí. Un informe que tiene la firma de Jordi Galí, un firme candidato al Nobel de Economía. Este modelo está centrado en economías altamente dependientes del turismo, como la de las islas; califica de “sangrante” lo que pasa en las islas que han vivido una explosión demográfica —pasando de 1,7 a 2,2 millones de habitantes en los últimos 25 años—, un incremento alimentado por la expansión del sector turístico. Incluso dice que, si la economía canaria va como un tiro, la mayoría de los isleños no viven mejor que antes.

Diversos informes publicados este año reflejan que más del 31 % de la población canaria sigue en riesgo de pobreza o exclusión social, una cifra prácticamente inalterada pese al crecimiento económico y a los excelentes resultados del sector turístico. El turismo genera ya cerca del 38 % del PIB regional y mueve más de 23.000 millones de euros al año, pero la sensación de prosperidad no termina de llegar a buena parte de los hogares canarios.

Y mientras discutimos sobre pactos migratorios, visitas papales, casos judiciales o victorias deportivas, quizá convendría detenerse un instante en esa contradicción. Porque el problema de Canarias no parece ser ya la falta de riqueza, sino cómo se reparte. El Canarias ha demostrado que se puede derrotar a gigantes con menos presupuesto; tal vez esa sea también la lección que deberían aprender quienes gobiernan. Porque de poco sirve presumir de crecimiento, de turistas o de cifras macroeconómicas si cada vez más ciudadanos sienten que viven peor que hace diez años. Y cuando una sociedad llega a esa conclusión, el verdadero problema ya no es económico: es de confianza en el futuro.

Y no ha hablado de la UD Las Palmas y de su encuentro de ayer domingo frente al Málaga, pero habrá tiempo de hablar de ello, porque de momento es solo el primer partido, y ya se sabe lo que puede pasar.

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