Esta semana Canarias vivirá un acontecimiento histórico. Por primera vez, Su Santidad el Papa visitará nuestro archipiélago, con actos previstos tanto en Gran Canaria como en Tenerife.
Independientemente de las creencias religiosas de cada persona, estamos ante un evento de enorme relevancia internacional y con importantes implicaciones económicas para Canarias.
Cuando analizamos este tipo de acontecimientos desde el punto de vista económico, debemos entender que su valor no se limita únicamente a los gastos directos que generan durante los días de celebración. Evidentemente, miles de personas se desplazarán para asistir a los diferentes actos, lo que supondrá un incremento de la actividad en hoteles, restaurantes, comercios, transportes y numerosos servicios. Todo ello generará riqueza y movimiento económico en las islas.
Sin embargo, el principal valor económico de esta visita se encuentra en algo mucho más importante: la proyección internacional de la imagen de Canarias.
Durante varios días, las imágenes de nuestras islas, nuestras infraestructuras y nuestros paisajes aparecerán en televisiones, periódicos y plataformas digitales de todo el mundo. Millones de personas que quizás nunca habían prestado atención a Canarias verán nuestro territorio asociado a un evento de dimensión global.
En economía existe un concepto denominado «marca territorio». Al igual que una empresa trabaja para posicionar su marca entre los consumidores, los territorios también compiten entre sí para atraer visitantes, inversiones, talento y actividad económica. Y en esa competencia global, la imagen es un activo fundamental.
Canarias ya cuenta con importantes ventajas competitivas. Somos un destino turístico consolidado, disfrutamos de un elevado nivel de seguridad ciudadana, contamos con una sanidad de calidad, unas infraestructuras modernas y una gran capacidad organizativa. Ahora tenemos la oportunidad de mostrar todo ello al mundo.
Madrid y Barcelona han sabido aprovechar históricamente la celebración de grandes acontecimientos internacionales para reforzar su imagen exterior. Canarias debe hacer exactamente lo mismo. Este evento debe servir para proyectar una imagen de organización, convivencia, hospitalidad y capacidad de gestión.
Porque también debemos ser conscientes de que, en la economía actual, la reputación es un factor decisivo.
Vivimos en un contexto internacional marcado por la incertidumbre geopolítica, la competencia entre destinos turísticos y los cambios en los hábitos de viaje. Los turistas buscan cada vez más destinos seguros, estables y bien organizados. Precisamente ahí Canarias tiene una gran fortaleza que debe seguir reforzando.
Además, esta visita abre una reflexión interesante sobre la necesaria diversificación de nuestro modelo turístico. Canarias seguirá siendo un referente mundial en turismo de sol y playa y en turismo de naturaleza, pero también debe explorar nuevas oportunidades vinculadas a congresos, encuentros internacionales, actividades culturales, deportivas y grandes eventos.
Cada acontecimiento de relevancia mundial que se celebra en las islas contribuye a ampliar nuestra oferta y a reducir la dependencia de segmentos concretos del mercado turístico. En otras palabras, nos ayuda a construir una economía más dinámica y preparada para afrontar los cambios futuros.
Por todo ello, la visita del Papa no debe entenderse únicamente como un acontecimiento religioso o institucional. Es también una oportunidad económica de primer nivel. Una ocasión para mostrar al mundo quiénes somos, cómo vivimos y qué podemos ofrecer.
Si Canarias sabe aprovechar esta ventana de visibilidad internacional, los beneficios podrán extenderse mucho más allá de estos días. Porque, en muchas ocasiones, la mejor inversión económica no es la que genera resultados inmediatos, sino aquella que fortalece la imagen y el prestigio de un territorio a largo plazo.
Y precisamente eso es lo que está en juego esta semana: seguir consolidando a Canarias como uno de los destinos más atractivos, seguros y competitivos del panorama internacional.
Jordi Bercedo Toledo
Economista