El Santo Padre deja en Tenerife una de las homilías más profundas de su pontificado, con un mensaje centrado en la inmigración, la fraternidad y el papel de Canarias como tierra de encuentro entre pueblos.
Canarias ya forma parte de la historia de León XIV. En la multitudinaria misa celebrada este viernes en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, el Pontífice pronunció una homilía cargada de simbolismo en la que situó al Archipiélago como ejemplo de acogida, fraternidad y esperanza para el mundo.
Ante decenas de miles de fieles, el Papa destacó la singular posición de las Islas como puente entre continentes y punto de llegada para miles de personas que buscan una vida mejor. En uno de los momentos más contundentes de su intervención, se refirió a las rutas migratorias que atraviesan Canarias y lanzó un mensaje de profundo contenido social y cristiano.
“Estas islas son lugar de primera acogida de hermanos y hermanas cuyo viaje está expuesto a peligros y violencias inenarrables”, afirmó. Y añadió una frase que resonó con fuerza entre los asistentes: “Frente a quien especula con la desesperación, los cristianos debemos ofrecer el reflejo del Señor”.
León XIV también invitó a la sociedad a no caer en la cultura de las prisas, el consumo y el beneficio económico como único horizonte, reivindicando una vida más sencilla y humana. En su reflexión destacó el valor de los más humildes y recordó que los pobres tienen mucho que enseñar a una sociedad marcada por la velocidad y el éxito.
La homilía concluyó con una llamada a mantener viva la vocación acogedora de Canarias y a construir comunidades donde nadie se sienta excluido. “Dios es amor”, recordó el Pontífice antes de cerrar su mensaje con una imagen que ya forma parte de esta visita histórica: “Abran a todos este mar de amor”.
Un mensaje que trasciende lo religioso y que convierte a Canarias, por unas horas, en el epicentro mundial de la fe, la solidaridad y la esperanza.