El editorial del domingo en La Gaceta de Canarias: ‘Canarias se mira al espejo‘

Han sido 48 horas que ya forman parte de la historia del Archipiélago. La visita de León XIV ha dejado imágenes para el recuerdo, pero sobre todo ha dejado un mensaje. Canarias ha demostrado al mundo que está preparada para acoger cualquier gran acontecimiento internacional. Lo hizo con orden, con profesionalidad, con emoción y con una capacidad organizativa que muchas veces nosotros mismos nos empeñamos en minusvalorar.

Durante años nos hemos acostumbrado a mirarnos con complejos. A pensar que todo lo importante ocurre fuera. A creer que somos periferia. Sin embargo, estos dos días han vuelto a demostrar una realidad incontestable: Canarias no es un territorio alejado de Europa; es una plataforma estratégica, una tierra abierta al mundo y un ejemplo de convivencia.

La imagen del Rey de España cediendo su avión oficial para facilitar el regreso del Papa tras la avería de la aeronave pontificia simboliza mucho más que una anécdota logística. Representa una relación institucional ejemplar y una fotografía de enorme valor para el cristianismo español en un momento en el que la Iglesia sigue inmersa en un profundo proceso de transformación.

Porque la Iglesia ha entendido que debe evolucionar. Que debe pedir perdón por sus errores. Que debe trabajar para recuperar la confianza de quienes se sintieron decepcionados. Y ese camino no es sencillo. Sin embargo, resulta llamativo observar cómo algunas corrientes religiosas que nacieron predicando amor, tolerancia y convivencia han derivado en discursos cargados de odio, radicalismo y xenofobia. El catolicismo, con todos sus defectos y pecados históricos, dejó atrás hace décadas ese lenguaje de confrontación para abrazar un mensaje universal de acogida y reconciliación.

Y precisamente acogida es una palabra que resuena con fuerza en Canarias. La misma semana en la que Bruselas avanza hacia nuevas normativas migratorias que podrían acabar convirtiendo a regiones frontera como Canarias en espacios de retención permanente, León XIV recordó que detrás de cada cifra hay una persona. Detrás de cada cayuco hay una historia. Y detrás de cada frontera hay una responsabilidad moral.

Europa debe comprender que Canarias no puede convertirse en una sala de espera indefinida. La solidaridad no puede recaer siempre sobre los mismos. Ni sobre las mismas islas. Ni sobre los mismos ciudadanos.

Mientras tanto, la política sigue enviando señales contradictorias. Una nueva encuesta sitúa al PSOE en retroceso en Canarias, aunque mantendría una pugna muy ajustada con Coalición Canaria. Lo que llama especialmente la atención es el comportamiento del Partido Popular. Mientras crece con fuerza en buena parte de España, en Canarias sigue sin encontrar una velocidad de crucero clara.

Quizá porque aún no ha resuelto una cuestión fundamental: ¿quién quiere ser? ¿Un partido de proyecto estable o una organización que cambia de referentes cada ciclo electoral? La política moderna exige liderazgos reconocibles, constantes y consolidados. Los ciudadanos necesitan saber quién aspira a gobernarles hoy y también dentro de cuatro años. La improvisación rara vez genera confianza.

Pero hoy toca quedarse con lo esencial

Canarias ha brillado. Ha emocionado. Ha demostrado madurez. Ha enseñado al mundo que puede organizar eventos de máxima complejidad y que posee infraestructuras, talento y capital humano suficientes para competir con cualquier región europea.

Tal vez haya llegado el momento de abandonar definitivamente nuestros complejos.

Canarias no necesita conquistar nada. No necesita imponerse a nadie.

Solo necesita creer en sí misma

Porque cuando lo hace, como ha ocurrido estas últimas 48 horas, descubre que su verdadero límite nunca estuvo fuera.

Siempre estuvo en el espejo