‘Balearia-Armas y la pregunta incómoda: ¿qué futuro tendrá el empleo marítimo canario?’, por Iván Bonales

Solo tengo clara una cosa. En un momento en el que muchos observan con preocupación el futuro del empleo marítimo canario, hay una naviera que ha demostrado durante décadas que el movimiento se demuestra andando: Fred. Olsen.

No es una afirmación ideológica ni sentimental. Es una constatación basada en los hechos. Mientras otros llegan atraídos por un mercado consolidado, Fred. Olsen apostó por Canarias, invirtió, creó empleo, formó profesionales y convirtió las Islas en una parte esencial de su actividad.

Por eso la operación Balearia-Armas abre un debate que va mucho más allá de la renovación de barcos o de la modernización de las rutas marítimas.

La operación se ha presentado como una oportunidad para mejorar el transporte entre islas. Más capacidad, más tecnología, más comodidad y una imagen adaptada a los nuevos tiempos. Todo eso está muy bien. El problema es que mientras la atención pública se centra en los buques, cada vez más profesionales del sector se hacen una pregunta incómoda: ¿qué ocurrirá con el empleo marítimo canario?

Porque la cuestión no es si los barcos son mejores.

Probablemente lo sean.

La cuestión es quién trabajará en ellos.

Balearia es una empresa valenciana y resulta perfectamente legítimo que tome las decisiones empresariales que considere más adecuadas para mejorar su competitividad. Nadie puede reprochárselo. Pero Canarias también tiene derecho a preguntarse qué impacto tendrán esas decisiones sobre el empleo local.

Las voces que llegan desde dentro del sector apuntan a una tendencia cada vez más evidente. La incorporación de tripulaciones internacionales mediante agencias especializadas es una realidad creciente en buena parte del transporte marítimo mundial. No se trata de cuestionar la profesionalidad de nadie. El origen de los trabajadores no es el problema.

El debate es otro.

Cuando los costes laborales de unos profesionales son considerablemente inferiores a los de otros, la presión empresarial termina empujando hacia la opción más barata. Es una lógica económica comprensible. Pero también tiene consecuencias.

Y la principal consecuencia es que los trabajadores locales pueden acabar perdiendo oportunidades.

La preocupación va más allá de los contratos.

Muchos marinos relatan cómo está cambiando la cultura profesional dentro de algunos barcos. Donde antes predominaba el español como lengua habitual de trabajo, hoy el inglés gana terreno como idioma operativo. Es una tendencia habitual en las grandes compañías internacionales, pero también refleja un cambio de modelo.

Incluso hay trabajadores que aseguran que determinadas comunicaciones se realizan ya bajo procedimientos muy distintos a los que durante décadas caracterizaron el tráfico marítimo entre islas.

Puede parecer una cuestión menor.

No lo es.

Porque los cambios culturales suelen ser el reflejo de cambios mucho más profundos.

Los barcos seguirán conectando Tenerife, Gran Canaria, La Palma, La Gomera, Lanzarote o Fuerteventura. Seguirán transportando pasajeros y mercancías. Seguirán siendo esenciales para la movilidad del Archipiélago.

Pero existe el riesgo de que cada vez se parezcan menos a una industria vinculada a Canarias y más a una operación global donde las Islas son simplemente una ruta más dentro de una estrategia empresarial.

Y ahí aparece la verdadera pregunta.

¿Qué futuro tendrán los jóvenes que hoy estudian Náutica, Máquinas Navales o profesiones vinculadas al sector marítimo? ¿Seguirán encontrando oportunidades laborales en los barcos que operan en Canarias? ¿O verán cómo esos puestos son ocupados progresivamente por trabajadores contratados bajo otras condiciones laborales y salariales?

Canarias ha sido históricamente una tierra de marinos.

Generaciones enteras han encontrado en el mar una profesión, una carrera y una forma de vida. Oficiales, capitanes, jefes de máquinas, marineros y profesionales de todos los niveles han contribuido durante décadas a construir un conocimiento marítimo que forma parte de la identidad de las Islas.

Perder ese capital humano sería un error estratégico.

Porque cuando desaparece el empleo local no solo se pierde actividad económica. También se pierde experiencia, formación, relevo generacional y capacidad de futuro.

Por eso este debate merece algo más que titulares optimistas o campañas publicitarias.

Merece atención.

Merece transparencia.

Y merece respuestas.

Mientras tanto, hay una realidad difícil de ignorar.

Fred. Olsen podrá recibir críticas, como cualquier empresa privada. Pero ha demostrado durante décadas una apuesta continuada por Canarias. No llegó a las Islas para aprovechar una oportunidad puntual de negocio. Construyó un proyecto ligado al territorio, generó empleo local y se convirtió en parte de la realidad económica y social del Archipiélago.

La diferencia parece pequeña.

Pero no lo es.

Porque Canarias ha conocido a lo largo de su historia a demasiados inversores que llegaron atraídos por las oportunidades que ofrecían las Islas. Algunos ayudaron a construir riqueza compartida. Otros simplemente aprovecharon el mercado existente.

Por eso la pregunta que hoy sobrevuela el sector marítimo no habla de barcos.

Habla de personas.

Habla de empleo.

Habla de futuro.

Y habla de si dentro de diez años los jóvenes canarios seguirán viendo el mar como una oportunidad profesional o como una puerta que poco a poco se fue cerrando.

Porque los barcos seguirán navegando.

La cuestión es quién navegará en ellos.
Ah… y algo claro … con el espejito a conquistar canarias no se viene.