La píldora económica de Jordi Bercedo: «Aunque Canarias mire al Atlántico, tiene mucho que aprender del Mediterráneo»

La semana pasada tuvo lugar en Barcelona el III Foro Económico y Social del Mediterráneo, un encuentro que reunió a expertos, empresarios, académicos y responsables institucionales para debatir sobre algunos de los principales desafíos que marcan nuestro presente y futuro.

Entre otras muchas cosas, se habló de empleo, sanidad, vivienda, inteligencia artificial, sostenibilidad, energía, movilidad, defensa, telecomunicaciones y también de una cuestión que preocupa cada vez más a Europa: los movimientos migratorios.

Puede parecer que estos asuntos tienen poco que ver entre sí, pero en realidad están profundamente conectados. Todos influyen en la economía, en la competitividad de los territorios y, sobre todo, en la calidad de vida de las personas.

Y precisamente por eso considero tan importante que Canarias participe en este tipo de foros internacionales.

Es verdad que somos un territorio atlántico y no mediterráneo. Pero también es cierto que compartimos muchos de los retos que afectan a las regiones de nuestro entorno.

La necesidad de diversificar la economía, la dependencia energética, la gestión sostenible de los recursos, la presión sobre las infraestructuras derivada del turismo, el acceso a la vivienda o la adaptación a las nuevas tecnologías son desafíos que encontramos tanto en Canarias como en muchas zonas del Mediterráneo.

Y hay un asunto especialmente relevante para nosotros: la migración.

Europa occidental lleva años experimentando importantes movimientos migratorios provocados por conflictos, desigualdades económicas, inestabilidad política o la búsqueda de oportunidades. Se trata de una realidad compleja que exige respuestas equilibradas y responsables.

Pero si este fenómeno afecta a todo el continente, en los territorios insulares adquiere una dimensión aún más sensible.

Las islas tienen limitaciones territoriales evidentes. Los recursos son finitos, las infraestructuras tienen una capacidad determinada y los servicios públicos deben responder tanto a las necesidades de la población residente como a las de quienes llegan.

Además, Canarias ocupa una posición estratégica como frontera sur de Europa y puerta de entrada desde África, lo que nos sitúa en primera línea de uno de los grandes debates económicos y sociales de nuestro tiempo.

Por eso resulta tan útil escuchar cómo otros territorios están afrontando retos similares. Porque muchas veces pensamos que nuestros problemas son únicos, cuando en realidad otros lugares ya han recorrido parte del camino y pueden aportar experiencias valiosas. Y esa es una de las grandes virtudes de encuentros como este. Permiten compartir conocimientos, analizar tendencias y aprender de soluciones que están funcionando en otros territorios.

Escuchar cómo una ciudad ha mejorado su movilidad, cómo una región ha impulsado las energías renovables, cómo una empresa está incorporando la inteligencia artificial o cómo una administración está gestionando los cambios demográficos aporta ideas que pueden ayudarnos a tomar mejores decisiones. Además, estos foros tienen otra ventaja fundamental: permiten anticiparse.

La economía actual cambia a una velocidad enorme. La tecnología, la transición energética, los cambios demográficos o las tensiones geopolíticas están transformando la forma en que vivimos y trabajamos. Y en economía siempre es mejor prepararse para los cambios que reaccionar cuando los problemas ya están encima de la mesa.

Canarias cuenta con enormes fortalezas. Somos un destino turístico de referencia mundial, tenemos una posición geográfica privilegiada y disponemos de grandes oportunidades en ámbitos como la innovación, la economía azul o las energías renovables.

Pero también debemos afrontar desafíos importantes y para ello resulta imprescindible aprender de quienes están enfrentándose a problemas parecidos.

Los economistas solemos decir que una de las mejores inversiones es el conocimiento. Y foros como el celebrado en Barcelona son precisamente eso: una inversión en conocimiento, en diálogo y en visión de futuro.

Porque las mejores ideas no suelen surgir desde el aislamiento, sino del intercambio de experiencias y de la capacidad de escuchar a quienes pueden aportarnos nuevas perspectivas. Y si algo quedó claro durante estos días es que los grandes desafíos del siglo XXI no entienden de fronteras. Tampoco de mares.

Por eso, aunque Canarias mire al Atlántico, tiene mucho que aprender de lo que ocurre en el Mediterráneo. Y cuanto más participemos en estos espacios de reflexión y debate, mejor preparados estaremos para construir una tierra más próspera, más sostenible y con más oportunidades para todos.

Jordi Bercedo

Economista

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