La píldora económica de Jordi Bercedo: «Todo apunta a que Canarias volverá a registrar cifras históricas durante este verano»

Arranca julio, y con ello oficialmente la gran temporada vacacional. Millones de personas comienzan sus vacaciones y, un año más, aeropuertos, hoteles, restaurantes y destinos turísticos se preparan para registrar cifras récord.

Sin embargo, detrás de esta aparente normalidad existen varias reflexiones económicas que merece la pena analizar.

La primera es una paradoja que llama poderosamente la atención. Vivimos en un contexto en el que prácticamente todo es más caro que nunca. Los hoteles baten récords de precios, los billetes de avión son cada vez más costosos, comer fuera supone un desembolso mayor y las actividades de ocio han experimentado importantes incrementos. Aun así, el consumo turístico sigue creciendo.

¿Cómo se explica este fenómeno?

Desde el punto de vista económico, una parte de la respuesta está en que muchas familias han convertido las vacaciones en un gasto prácticamente irrenunciable. Después de años marcados por crisis, pandemias e incertidumbre, viajar se percibe como una necesidad emocional más que como un lujo. El problema es que, en muchos casos, una parte de ese gasto se realiza con dinero que todavía no se ha ganado, recurriendo a financiación, tarjetas de crédito o pagos aplazados.

Es decir, estamos adelantando consumo futuro al presente. Una práctica que puede ser razonable en determinados casos, pero que también incrementa el endeudamiento de los hogares y reduce su capacidad financiera para afrontar imprevistos.

A todo ello se suma un elemento fundamental: la inflación. Los precios acumulados siguen siendo muy elevados, y esto significa que el poder adquisitivo de muchas familias continúa deteriorándose. Dicho de forma sencilla: con el mismo salario podemos comprar menos cosas que antes. Y, sin embargo, seguimos consumiendo más.

Esta situación genera una segunda reflexión, especialmente importante para territorios turísticos como Canarias. El éxito turístico tiene indudables beneficios económicos. Genera empleo, actividad empresarial, inversión y riqueza. Pero cuando el crecimiento se produce sin una adecuada planificación aparecen fenómenos que empiezan a preocupar cada vez más.

Hablamos de la masificación turística, de la presión sobre las infraestructuras, del aumento del precio de la vivienda, de la congestión de espacios naturales y de procesos de gentrificación que provocan que muchos residentes tengan dificultades para seguir viviendo en determinadas zonas.

En algunos destinos ya se percibe una pérdida progresiva de identidad. Lugares que durante décadas tuvieron una personalidad propia comienzan a transformarse en espacios diseñados casi exclusivamente para el visitante.

Por eso, cada vez más expertos defienden la necesidad de evolucionar hacia un modelo basado no solo en la cantidad de turistas, sino también en la calidad y en la sostenibilidad de la actividad turística.

La cuestión ya no es únicamente cuántos visitantes recibimos, sino qué impacto generan sobre el territorio, el medio ambiente, los recursos naturales y la calidad de vida de quienes residen en él.

Y esta reflexión resulta especialmente relevante en los territorios insulares. Las islas tienen recursos limitados, un territorio finito y una capacidad de carga que no es infinita. Por ello, la diversificación económica sigue siendo uno de los grandes retos estratégicos de nuestro tiempo. Apostar por la innovación, la tecnología, la economía azul, la formación o las actividades vinculadas al conocimiento no significa renunciar al turismo, sino fortalecerlo y complementarlo.

Además, no podemos olvidar el contexto internacional. Las tensiones geopolíticas, los conflictos en distintas regiones y la incertidumbre global están modificando constantemente los flujos turísticos. Los viajeros cambian sus destinos en función de la percepción de seguridad, y eso puede provocar que determinados territorios ganen visitantes mientras otros los pierden de forma repentina.

En cualquier caso, todo apunta a que Canarias volverá a registrar cifras históricas durante este verano. Más turistas, más actividad económica y, previsiblemente, récords.

La pregunta que debemos hacernos no es si queremos turismo. La respuesta es evidente. La verdadera pregunta es qué modelo turístico queremos para las próximas décadas.

Porque el éxito económico del futuro no consistirá únicamente en recibir más visitantes, sino en ser capaces de generar prosperidad, sostenibilidad y bienestar para quienes nos visitan, pero también para quienes vivimos aquí durante todo el año.

Jordi Bercedo

Economista