El refuerzo de los controles fronterizos en Mauritania ha provocado un cambio en la ruta migratoria hacia Canarias. La mayor vigilancia en la costa mauritana, uno de los principales puntos de salida de embarcaciones hacia las Islas, ha reducido el número de cayucos que alcanzan el Archipiélago, aunque no ha terminado con la presión migratoria.
Las redes de tráfico de personas han comenzado a desplazar las salidas hacia otros países africanos más alejados, lo que obliga a realizar viajes de más días por el Atlántico y aumenta el riesgo para quienes intentan llegar a Europa.
La disminución de llegadas tampoco ha resuelto la situación de la acogida en Canarias, especialmente la de los menores migrantes no acompañados, con miles de niños y jóvenes bajo tutela del Gobierno autonómico y un sistema que continúa por encima de su capacidad.
Las autoridades mantienen que la cooperación con los países de origen y tránsito es clave para ordenar los flujos migratorios, mientras las organizaciones humanitarias advierten de que cerrar una ruta suele provocar la apertura de otras más largas y con mayor peligro para la vida de los migrantes.