El Mundial del doble rasero: Argentina sobrevive y Egipto descubre que la tecnología también entiende de jerarquías

El Mundial volvió a dejar una de esas noches que alimentan el eterno debate del fútbol moderno. Argentina continúa adelante después de sobrevivir a una batalla tremenda ante una Egipto que jugó sin complejos, miró a los ojos a uno de los gigantes del planeta y acabó marchándose con la sensación de que para ganar a los grandes hay que hacer algo más que jugar bien.

La campeona tiró de oficio, historia y carácter competitivo para superar un partido incómodo, pero la conversación volvió a girar alrededor de la misma pregunta: ¿el VAR mide igual a todos? La tecnología nació para igualar el fútbol, para que grandes y pequeños tuvieran las mismas oportunidades, pero cada Mundial deja acciones que reabren la sospecha del doble rasero.

Egipto sintió que cada jugada dudosa era revisada con la lupa del grande enfrente. La sensación de muchos aficionados es que existe un VAR para las selecciones de glamour, las que llenan estadios, televisiones y mercados, y otro para las humildes, aquellas que tienen que derribar una montaña para firmar una sorpresa histórica.

Argentina no pidió disculpas. Hizo lo que hacen los campeones: sufrir, aguantar los golpes y encontrar la manera de seguir vivos. Esa también es una virtud. Pero Egipto se marcha con orgullo y con la sensación de que estuvo muy cerca de cambiar la historia.

El fútbol moderno presume de tecnología, líneas y cámaras, pero todavía convive con una vieja realidad: el peso de una camiseta sigue existiendo. Y en una noche mundialista de máxima tensión, Egipto descubrió que ante un gigante no basta con rozar la perfección. Hay que superar también todo lo que rodea al gigante.