El enfrentamiento entre Donald Trump y Pedro Sánchez en la cumbre de la OTAN dejó dos fotografías muy diferentes: la dureza pública del presidente de Estados Unidos contra España y la calma posterior del jefe del Gobierno español, que aseguró que el encuentro personal entre ambos fue cordial.
Trump elevó el tono contra España por su negativa a asumir el objetivo del 5% del PIB en gasto en defensa y llegó a calificar al país como un “mal aliado”, además de amenazar con revisar las relaciones comerciales. El mensaje del líder estadounidense colocó a Madrid en el centro de las críticas dentro de la Alianza Atlántica.
Sin embargo, Sánchez intentó quitar hierro a la crisis y afirmó que en privado no hubo tensión con Trump. Según explicó, ambos mantuvieron una conversación informal en la que hablaron de fútbol, del Mundial y de golf, defendiendo que la relación bilateral sigue abierta pese a las diferencias políticas.
El Gobierno sostiene que España cumplirá con sus compromisos de capacidades militares sin llegar al porcentaje reclamado por Washington, mientras que Trump mantiene la presión sobre los aliados que considera que no aportan lo suficiente a la defensa común.
La cumbre deja así una imagen inédita: el mayor socio de la OTAN lanzando críticas directas a España y un Sánchez que opta por la vía diplomática, evitando una escalada pública con la Casa Blanca.