El Editorial del Domingo en la Gaceta de Canarias: ‘Panem et circenses: entre la tragedia, la política y el fútbol’

Los romanos lo resumieron hace más de dos mil años con una expresión que sigue tan vigente como entonces: panem et circenses. Pan y circo. Alimentar el estómago y entretener la mirada. Cambian los siglos, cambian los protagonistas, pero el mecanismo continúa siendo sorprendentemente parecido.

Hay días, sin embargo, en los que el ruido deja paso al silencio. Almería duele. El incendio ha dejado una tragedia imposible de medir únicamente con cifras. Hay familias rotas, vecinos que han perdido toda una vida y una herida que tardará mucho tiempo en cicatrizar. Desde Canarias queremos enviar un abrazo sincero a nuestros hermanos almerienses. Porque antes que la política, antes que las diferencias y antes que los titulares, está la condición humana.

Y mientras España mira hacia el sur, Venezuela continúa desangrándose. Más de cuatro mil fallecidos, miles de desaparecidos y una emergencia humanitaria que estremece al mundo. Allí el olor de la muerte ha sustituido al de la esperanza. No es tiempo de discursos ni de trincheras ideológicas. Es tiempo de solidaridad, de ayuda y de humanidad. Todo lo demás sobra.

Aquí, mientras tanto, seguimos ocupados en nuestras pequeñas guerras.

La comisión de investigación de las mascarillas en el Parlamento de Canarias ha terminado como demasiadas cosas terminan hoy en la política: con unos levantándose de sus escaños, otros acusando, otros defendiéndose y los ciudadanos intentando entender qué ocurrió realmente. Si hubo responsabilidades, deberán establecerlas los tribunales. Si no las hubo, las instituciones tampoco pueden convertirse en un escenario para ajustar cuentas políticas. La democracia necesita más serenidad y menos representación.

Porque el verdadero problema es que España parece vivir instalada en un debate permanente mientras la realidad avanza sin pedir permiso.

La vivienda se ha convertido en el mejor ejemplo. Comprar una casa empieza a parecer un privilegio reservado a unos pocos. Alquilar otra se ha transformado en una carrera de obstáculos. El metro cuadrado alcanza cifras que hace apenas unos años parecían impensables y los salarios, sencillamente, no siguen el mismo ritmo. La cesta de la compra continúa subiendo, las familias hacen más cuentas que nunca y los jóvenes observan cómo independizarse pasa de ser un proyecto de vida a un ejercicio de imaginación.

A todo ello se suman el absentismo laboral, que preocupa especialmente en Canarias y supone miles de millones de euros de coste para la economía; la financiación autonómica, que vuelve a enfrentar al Estado con comunidades como Canarias en defensa de sus derechos; unos presupuestos generales rodeados de incertidumbre y un ambiente político en Madrid donde cada semana parece la última… hasta que llega la siguiente.

La cumbre de Ankara tampoco decepcionó. Donald Trump volvió a hacer exactamente lo que mejor sabe hacer: ser Donald Trump. Provocó, agitó el tablero y volvió a monopolizar los focos. Mientras unos proclamaban una victoria diplomática y otros hablaban de fracaso, los ciudadanos seguían esperando respuestas a problemas bastante más terrenales. En política todos parecen ganar; en la vida cotidiana demasiados siguen perdiendo.

Y entonces aparece el fútbol.

España derrota a Bélgica y, de repente, el país recupera la sonrisa. Durante noventa minutos desaparecen los alquileres imposibles, las hipotecas, las discusiones parlamentarias y los titulares sobre corrupción. El balón consigue lo que ningún político ha sido capaz de lograr: unir a millones de personas bajo una misma ilusión. Y bendita sea esa felicidad compartida.

El próximo martes volveremos a mirar hacia la semifinal frente a Francia. Lo haremos con la esperanza intacta y con la emoción que solo despierta una selección que vuelve a hacer soñar. En San Cristóbal de La Laguna, Radio Marca y La Gaceta de Canarias volverán a compartir esa pasión junto a miles de aficionados en la pantalla gigante instalada por el Ayuntamiento en la plaza Hermano Ramón. Allí estaremos, disfrutando de ese fútbol que, por unas horas, consigue que el país respire.

Pero conviene no olvidar una cosa.

El fútbol no debe ser la cortina de humo que tape los problemas, sino el respiro que nos dé fuerzas para afrontarlos después.

Porque cuando el árbitro pite el final del partido seguirán esperando Almería, seguirá esperando Venezuela, seguirá esperando quien no encuentra una vivienda digna, quien no llega a fin de mes y quien sigue creyendo que la política está para resolver problemas y no para fabricarlos.

Quizá esa sea la gran diferencia entre el viejo panem et circenses y una sociedad madura: disfrutar del circo sin dejar de exigir el pan. Porque un país que solo celebra goles, pero olvida sus heridas, corre el riesgo de acostumbrarse demasiado al aplauso… mientras la realidad sigue jugando su propio partido.