Aunque algunos me consideran un personaje descatalogado, una voz sorda y tenue en medio de la pampa, sigo trenzando frases en posición antirreglamentaria, en orsai, enfundado en mi papel de poeta desde la grada. Comienzo esta nueva etapa en orsai. En fuera de juego. Y desde mi posición, al borde del reglamento, me permito tomar de la mano el lenguaje como aliado, como recurso para traerles alguna crónica del Tete desde lo alto, desde esta infinita metáfora que es el fútbol. Guiado, eso sí, por la lunita tucumana y la fe ciega en nuestro equipo.
Así veo yo al Tete en estos momentos, en esta nueva fase. Atrás quedó Dante con sus imágenes imposibles, las que generan las categorías del abismo. Sin palabras se han quedado los comentaristas agoreros, los nigromantes que no creían en una nueva época del C.D. Tenerife. Ahora toca ir a Ipurúa para abrir el apetito en la nueva temporada, con la fe puesta en la redondez del balón, en el cuero cosido de besos triunfantes, porque hay que ganar estos primeros partidos. Estos encuentros de tanteo, a solas con el gol que llena la grada de voces, están habitados por el aficionado verdadero. Me refiero al que se rasca el bolsillo para sentarse sobre las efímeras victorias, y sufre la ronquera del pospartido.