El trauma tras los terremotos obliga a las familias venezolanas a abandonar Caracas

El devastador terremoto registrado el pasado 24 de junio en Venezuela no solo dejó miles de damnificados, sino también profundas secuelas psicológicas. Es el caso de la familia de Urumán Urdaneta, que decidió abandonar Caracas y trasladarse a Maracaibo, a unos 700 kilómetros de distancia, debido al grave impacto emocional que los seísmos causaron en su esposa.

Liliana Machado sufrió un trastorno de estrés postraumático tras vivir el derrumbe de una pared de su vivienda durante los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5. Según relata su marido a EFE, comenzó a sufrir desmayos frecuentes, insomnio y episodios de sensación de asfixia, por lo que un médico les recomendó abandonar el lugar donde ocurrieron los hechos.

La familia, integrada por la pareja, sus tres hijos —uno de ellos con discapacidad— y la madre de Machado, se encontraba viendo la televisión cuando comenzaron los temblores.

«No era un temblor normal, era como si nos arrastraran de un lado a otro. Duró muchos segundos y entró el pánico», recuerda Urdaneta, de 63 años, quien explica que abrazó a su hijo menor mientras esperaba el desenlace. Aunque ninguno resultó herido, su esposa quedó profundamente afectada por la experiencia.

Diez días después de los terremotos, la familia se instaló en Maracaibo, ciudad natal de Urdaneta. Sin embargo, el futuro sigue siendo incierto. Mientras Machado rechaza regresar a Caracas y continúa recibiendo tratamiento psicológico, su marido reconoce que le gustaría volver a la capital, donde trabajaba en el mantenimiento mecánico de automóviles y donde sus tres hijos mantienen buena parte de su vida personal y social.

El Gobierno venezolano cifra en 17.907 las personas que perdieron su vivienda a causa de los terremotos y en 16.891 las que permanecen alojadas en 87 campamentos temporales.

La directora regional de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Lía Poggio, señaló recientemente que, tras catástrofes de este tipo, es habitual que muchas personas opten por desplazarse a otras zonas del país para facilitar su recuperación, aunque cada contexto nacional presenta dinámicas diferentes.

Mientras tanto, Urdaneta trata de adaptarse a su nueva realidad en Maracaibo, una ciudad que afronta importantes carencias en servicios básicos como el suministro de agua, electricidad, internet y gas, especialmente en las zonas rurales donde ahora reside su familia.