El presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, ha salido al paso de las críticas tras el fracaso de la licitación para la reforma del Estadio de Gran Canaria, que quedó desierta al no presentarse ninguna empresa al concurso de 174,7 millones de euros. En un artículo de opinión y en posteriores declaraciones, el dirigente insular defiende con contundencia la actuación de la institución y rechaza las acusaciones de falta de planificación.
Morales sostiene que el proyecto no está bloqueado y que el procedimiento seguido responde a la normalidad administrativa prevista en la legislación de contratación pública. Insiste en que existe “holgura y margen suficiente” para cumplir los plazos que exige la FIFA y garantizar que Gran Canaria sea sede del Mundial de 2030.
El presidente del Cabildo también responde a las críticas del sector de la construcción, que considera insuficiente el presupuesto y excesivas las condiciones del pliego. Asegura que los precios de licitación no se fijan de forma arbitraria, sino conforme a los mecanismos legales, y recuerda que otras obras públicas similares también encontraron obstáculos iniciales antes de salir adelante.
Mientras tanto, el Cabildo iniciará una nueva fase de negociación con empresas para intentar adjudicar los trabajos sin renunciar al calendario previsto. Paralelamente, la UD Las Palmas ya ha mostrado su disposición a disputar sus partidos en otro estadio si fuera necesario para facilitar la ejecución de las obras.
El gran problema: cero ofertas para una obra de 174 millones
El concurso quedó desierto porque ninguna constructora presentó oferta. La patronal sostiene que el presupuesto estaba hasta un 40% por debajo del coste real de mercado y que ejecutar la reforma con el estadio en funcionamiento elevaba considerablemente el riesgo económico. Ahora, el Cabildo deberá negociar con empresas o replantear el procedimiento para evitar que el retraso comprometa la cita mundialista de 2030.