El director de la CIA, John Ratcliffe, ha viajado este martes a Moscú a bordo de un avión militar estadounidense, en una visita marcada por la posible liberación de ciudadanos estadounidenses presos en Rusia y la preocupación de Washington ante una eventual escalada del conflicto de Ucrania.
El avión C-17A Globemaster III partió de la base de Andrews, cerca de Washington, hizo escala en Riga y posteriormente aterrizó en la capital rusa. Ratcliffe permaneció varias horas en Moscú antes de abandonar el país. Ni la Casa Blanca, ni la CIA ni el Kremlin han detallado oficialmente el contenido de su misión.
Una de las hipótesis apunta a que el responsable de la inteligencia estadounidense podría haber negociado la liberación de Charles Zimmerman, condenado en Rusia a cinco años de prisión. La CIA ya ha participado anteriormente en operaciones para recuperar ciudadanos estadounidenses detenidos en territorio ruso.
La otra posibilidad es que Ratcliffe haya trasladado directamente a Vladimir Putin un mensaje de Washington ante los indicios de una posible escalada rusa. Los servicios de inteligencia estadounidenses han analizado escenarios en los que Moscú podría tratar de aumentar la presión sobre Ucrania o poner a prueba a la OTAN.
La visita también se produce después de que Estados Unidos pidiera a Ucrania que evitara durante varios días ataques con drones o misiles de largo alcance contra Moscú y otras zonas del norte de Rusia, con el objetivo de no poner en riesgo las conversaciones.
El viaje de Ratcliffe tiene además un fuerte componente simbólico: es el primer desplazamiento a Rusia de un director de la CIA desde la misión de William Burns en 2021, pocos meses antes de la invasión a gran escala de Ucrania. Ahora, más de cuatro años después del inicio de la guerra, Washington vuelve a enviar a Moscú a su máximo responsable de inteligencia en un momento de elevada tensión.