“Hay momentos en que la vida no te está castigando, te está formando», por Randy Mendiguchía

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Cuando éramos adolescentes pasamos por esa etapa rebelde en la que creíamos saberlo todo. Pensábamos que sabíamos más que nuestros padres y que sus consejos, sus límites y, sobre todo, sus “NO” solo estaban ahí para fastidiarnos.

Con los años empezamos a entender muchas cosas. Descubrimos que muchas veces no querían castigarnos, sino protegernos. Evitarnos algunos errores, enseñarnos a levantarnos después de otros y, aunque entonces no lo supiéramos, prepararnos para la vida.

En el trabajo ocurre algo parecido. Una corrección, un proyecto que no sale como esperábamos o una decisión que no compartimos puede parecernos injusta. Y no siempre los demás tienen razón. Pero incluso de esos momentos podemos sacar algo: experiencia, paciencia y una lección que nos permita estar mejor preparados para la próxima vez.

Porque la vida también funciona así.

A veces se nos cierra una puerta. Aparece una dificultad inesperada. No conseguimos aquello por lo que hemos luchado o simplemente las cosas no salen como habíamos imaginado. En ese momento nos enfadamos, nos frustramos y pensamos que todo está en nuestra contra.

Pero el tiempo tiene una manera curiosa de poner muchas cosas en su sitio.

Aquello que un día vivimos como un fracaso puede acabar convirtiéndose en experiencia. Lo que parecía una puerta cerrada puede obligarnos a buscar otra. Y esa dificultad que tanto nos molestó puede terminar enseñándonos algo que necesitábamos aprender.

Este domingo, recuerda una cosa: no todo lo malo que te pasa llega para hacerte daño. Hay momentos que no entiendes mientras los estás viviendo, pero que con el tiempo descubres que llegaron para enseñarte, fortalecerte y hacerte crecer.

Pasen un buen domingo.

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