Pedro Sánchez ha vuelto a hacerlo.
Cuando el debate político se complica, cuando una crisis amenaza con quedarse demasiado tiempo encima de la mesa y cuando empiezan a faltar respuestas, aparece un anuncio.
Otro conejo de la chistera.
Ahora resulta que una de las soluciones para Ceuta y Melilla pasa por convertirlas en regiones ultraperiféricas de la Unión Europea, como Canarias.
Dicho así queda fantástico.
Europa. Protección. Singularidad. Más financiación. Reconocimiento especial.
Todo maravilloso.
El problema llega cuando dejamos el titular y empezamos a mirar la letra pequeña.
Porque Ceuta y Melilla no son Canarias.
Ni por su configuración geográfica, ni por su encaje europeo, ni por las circunstancias que históricamente justificaron el reconocimiento de las actuales regiones ultraperiféricas.
Canarias sí es una región ultraperiférica. Azores y Madeira también. Y determinados territorios franceses.
Ceuta y Melilla tienen una singularidad indiscutible y España debe defenderla.
Pero otra cosa muy distinta es vender como si estuviera a la vuelta de la esquina algo que requiere una enorme modificación política y jurídica en Europa y el acuerdo de los Estados miembros.
No depende simplemente de que Pedro Sánchez levante la mano y diga que quiere hacerlo.
Y esa es la cuestión.
Después de todo lo ocurrido en Ceuta esperábamos certezas.
Nos ofrecen un anuncio.
Esperábamos saber qué va a hacer España para proteger definitivamente sus fronteras.
Otro anuncio.
Esperábamos conocer cuál va a ser la posición del Gobierno español ante Marruecos después de una crisis de semejante dimensión.
Y aparece otro conejo.
Ahora hablamos de regiones ultraperiféricas.
Mañana hablaremos de otra cosa.
Y pasado mañana, de la siguiente.
Porque llevamos demasiado tiempo instalados en una política en la que parece más importante generar el siguiente titular que cumplir el anterior.
Y hoy tenemos otro ejemplo perfecto.
La reunión sobre la financiación de las comunidades autónomas.
Desde La Gaceta de Canarias no hemos querido darle a esta reunión la categoría de acontecimiento histórico porque, sencillamente, todavía queda muchísimo camino por recorrer.
Se puede reunir el Gobierno con las comunidades.
Se pueden enseñar números.
Se puede anunciar una nueva financiación.
Se puede conseguir una determinada posición en el Consejo de Política Fiscal y Financiera.
Pero después queda lo verdaderamente importante.
El Congreso.
Y Pedro Sánchez sigue gobernando en minoría.
Por tanto, todo lo que se anuncie deberá acabar siendo aprobado.
Ahí veremos cuánto había de realidad y cuánto de brindis al sol.
Eso sí: Canarias hace perfectamente en acudir.
Y aquí hay que reconocer que Fernando Clavijo y Manuel Domínguez están sabiendo jugar sus cartas con inteligencia y pragmatismo.
Porque una cosa es la batalla política nacional y otra los intereses de Canarias.
Si hay dinero encima de la mesa, hay que ir a buscarlo.
Si existe la posibilidad de sacar adelante el Decreto Canarias, hay que exigirlo.
Si Canarias puede disponer de alrededor de 600 millones de euros de su superávit para utilizarlos en sus propias necesidades, hay que negociarlo hasta el último minuto.
Si hay recursos para La Palma, hay que traerlos.
Y si existe cualquier posibilidad de mejorar nuestra financiación o garantizar que el Régimen Económico y Fiscal quede donde siempre debió estar, fuera de cualquier juego con la financiación común, Canarias tiene que estar allí.
Sin complejos.
Sin mirar a Madrid para saber qué opina el PSOE.
Y sin mirar a Génova para saber qué opina el Partido Popular.
Aquí gobiernan Fernando Clavijo y Manuel Domínguez.
Y gobiernan Canarias.
Por eso hacen bien.
Clavijo tiene que ir a Madrid y tratar de sacar hasta el último euro.
Y Manuel Domínguez debe mantener exactamente la misma posición.
Porque cuando se gobierna una comunidad autónoma, primero se defienden los intereses de esa comunidad.
Después ya vendrán las consignas nacionales.
Otra cosa muy distinta es comprar el relato político que pretende construir Pedro Sánchez alrededor de todo esto.
Ahí no.
Porque el Gobierno de España lleva demasiado tiempo utilizando la relación con las comunidades autónomas como una sucesión interminable de anuncios, reuniones, promesas, fotografías y negociaciones.
Siempre aparece algo nuevo.
Una financiación.
Un decreto.
Un acuerdo.
Una comisión.
Una reforma.
Una conferencia de presidentes.
Otra reunión.
Y vuelta a empezar.
Mientras tanto, seguimos esperando que se cumplan muchas de las cosas anunciadas anteriormente.
Es una especie de opio político.
Mantener a la sociedad permanentemente hablando de la próxima propuesta para que tenga menos tiempo de preguntar qué ocurrió con la anterior.
Ceuta y Melilla como regiones ultraperiféricas.
Perfecto.
¿Pero cuándo?
¿Cómo?
¿Con qué apoyos europeos?
¿Y mientras tanto qué hacemos con la frontera?
¿Qué hacemos con Marruecos?
¿Qué hacemos para garantizar que algo como lo ocurrido no vuelva a suceder?
Ahí está la verdadera política.
Y lo mismo sucede con la financiación autonómica.
Podemos anunciar miles de millones.
Podemos convocar reuniones.
Podemos explicar nuevos modelos.
Pero al final llegará el Congreso.
Y habrá que votar.
Ese día sabremos si todo esto era una reforma real o simplemente otro capítulo de una política construida para ganar unas semanas de relato.
Mientras tanto, Canarias debe hacer exactamente lo contrario.
Menos relato y más pragmatismo.
¿Hay 600 millones que podemos utilizar?
A por ellos.
¿Hay un Decreto Canarias pendiente?
A por él.
¿Hay recursos para La Palma?
A cobrarlos.
¿Hay posibilidad de mejorar nuestra financiación?
A negociar.
Eso es gobernar.
Lo demás es política nacional.
Canarias no puede renunciar a un solo euro que le corresponda porque en Madrid alguien considere que sentarse con Pedro Sánchez supone hacerle un favor.
No.
El dinero no es de Sánchez.
Es de los ciudadanos.
Y si corresponde a Canarias, tiene que llegar a Canarias.
Por eso Clavijo y Domínguez hacen bien en moverse con inteligencia.
Otra cuestión es la estrategia del presidente del Gobierno.
Porque gobernar no puede consistir eternamente en sacar conejos de una chistera.
Un día Ceuta.
Otro Melilla.
Después Europa.
Luego la financiación.
Más tarde el superávit.
Después los Presupuestos.
Y cuando un asunto empieza a quemar demasiado, aparece otro.
España necesita menos titulares y más soluciones.
Ceuta y Melilla necesitan una estrategia de Estado.
Canarias necesita que se cumpla lo acordado.
Las comunidades autónomas necesitan estabilidad financiera.
Y los ciudadanos necesitan algo todavía más sencillo:
que cuando un Gobierno anuncie algo, termine ocurriendo.
Porque de anuncios vamos sobrados.
De fotografías también.
Y de conejos en la chistera, mejor ni hablamos.
Lo que empieza a escasear es la magia.
Y, sobre todo, los resultados.
