Curbelo reivindica desde La Gomera una democracia basada en la pluralidad y el respeto

Hace 534 años, desde el puerto y la rada de San Sebastián de La Gomera, partieron unas naves que cambiaron para siempre la manera de entender el mundo. Hoy, al celebrar la sexagésima quinta edición de las Jornadas Colombinas, regresamos a aquella fecha no para contemplar el pasado con nostalgia, sino para preguntarnos qué enseñanzas puede ofrecernos ante los desafíos del presente.

La Gomera ha sido, desde hace más de cinco siglos, parte de las rutas de la historia entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Nuestra isla es camino. Y, como escribió Antonio Machado, ese camino se hace al andar. Ahora no se trata de descubrir nuevos continentes ni de emprender expediciones de conquista. El viaje que nos corresponde consiste en construir una sociedad en paz, donde la libertad sea más fuerte que el miedo, la verdad tenga más valor que la mentira y el progreso no deje a nadie atrás.

Por eso las Jornadas Colombinas de este año se celebran bajo el lema «Tras las huellas de la historia. El valor de la democracia». La democracia nos permite hablar en libertad, pero es también respeto, justicia y confianza. Es una construcción colectiva que cada generación recibe como legado y debe fortalecer antes de entregarla a la siguiente. Nada vive en el descuido. También los derechos y las libertades pueden debilitarse si dejamos de cuidarlos.

Vivimos una época extraordinaria por sus avances científicos, tecnológicos y económicos, pero también marcada por la incertidumbre. Las guerras han vuelto al primer plano, la desinformación erosiona la confianza pública y la polarización dificulta el entendimiento.

Las democracias rara vez desaparecen de un día para otro: se desgastan lentamente cuando el diálogo cede ante el enfrentamiento, cuando la ciudadanía deja de confiar en sus instituciones y cuando la política se preocupa más por el poder que por resolver problemas.

La democracia no necesita uniformidad, sino pluralidad. Discrepar no exige desacreditar. La firmeza es compatible con el respeto y la diferencia no debe impedir la colaboración. Nuestra experiencia insular nos recuerda que ninguna comunidad progresa si rompe los vínculos que la mantienen unida, que el aislamiento se supera mediante la cooperación y que el diálogo no es una muestra de debilidad, sino de inteligencia colectiva.

Pero hay una pregunta que nunca debemos eludir: ¿de qué sirve la democracia si no mejora la vida de las personas?

Su verdadero valor se mide cuando una familia recibe atención sanitaria de calidad, cuando un niño encuentra las mismas oportunidades en la escuela, cuando un joven puede desarrollar su proyecto de vida sin abandonar su tierra y cuando una persona mayor obtiene los cuidados que merece. Se hace real cuando la justicia protege a todos por igual y las administraciones responden con eficacia, cercanía y transparencia.

Quienes vivimos en un archipiélago sabemos que la distancia y la doble insularidad imponen dificultades añadidas. Por eso la cohesión territorial no es únicamente una política pública, sino una exigencia democrática.

Defender La Gomera nunca ha significado reclamar privilegios, sino garantizar que residir en una isla no capitalina no limite el acceso a la educación, la sanidad, la vivienda o el empleo.

Estas Jornadas también nos invitan a cuidar la memoria. La presencia del médico y antropólogo forense Francisco Etxeberria representa el compromiso de una sociedad democrática con la verdad, la dignidad de las víctimas y el derecho de las familias a saber.

Conocer nuestro pasado desde el rigor y la humanidad no debilita la convivencia; la fortalece y ayuda a comprender el valor de las libertades conquistadas.

La Gomera es pequeña en la geografía, pero inmensa en la historia. Su grandeza no se mide por su extensión, sino por su capacidad de aportar ideas, tender puentes y mantener viva la esperanza.

Si estas Jornadas nos ayudan a escuchar, aprender y pensar juntos, habrán cumplido su propósito. Porque ese es el camino que debemos seguir: el de una democracia que sirva al interés general y construya un futuro compartido.

Casimiro Curbelo.