El presidente de Estados Unidos aprovecha su visita a Dublín para entrar de lleno en dos de las cuestiones territoriales más sensibles para Londres. Trump asegura que la reunificación irlandesa terminará produciéndose y pone en duda la capacidad británica para afrontar una hipotética nueva crisis con Argentina en el Atlántico Sur.
Donald Trump ha decidido entrar en dos terrenos especialmente incómodos para Reino Unido al mismo tiempo. El presidente estadounidense aprovechó este sábado su visita a Irlanda para expresar abiertamente su deseo de ver una Irlanda unificada y, horas después, volvió a colocar las Malvinas en el tablero internacional al hablar de la posibilidad de un nuevo conflicto entre Londres y Buenos Aires. Dos territorios, dos viejas heridas británicas y un mismo protagonista dispuesto a romper con la prudencia diplomática habitual de Washington.
Trump realizó sus declaraciones después de reunirse en Dublín con el primer ministro irlandés, Micheál Martin. Al ser preguntado por el futuro de Irlanda del Norte, aseguró que le gustaría ver reunificada la isla y calificó esa posibilidad como algo «fantástico». Fue incluso más lejos al señalar que, desde su punto de vista, la unidad acabará produciéndose y que, si va a ocurrir, podría hacerse ahora. Aunque reconoció que Reino Unido «tendrá algo que decir», su intervención supone una ruptura evidente con la neutralidad que tradicionalmente han mantenido los presidentes estadounidenses sobre el futuro constitucional norirlandés.
Las palabras provocaron una rápida reacción en Londres y entre los partidos unionistas de Irlanda del Norte. Downing Street reiteró que actualmente no considera que exista una mayoría suficiente que justifique la convocatoria de un referéndum sobre la reunificación, mientras los unionistas insistieron en que el futuro constitucional de Irlanda del Norte corresponde decidirlo a sus habitantes y no a las opiniones expresadas desde Washington, Londres o Dublín.
Pero Trump no se quedó en Irlanda. En la misma jornada volvió a introducir otro asunto especialmente delicado para Reino Unido: las islas Malvinas. El presidente norteamericano aseguró que una nueva confrontación entre Argentina y Reino Unido sería un «desastre potencial» y cuestionó hasta qué punto los británicos estarían actualmente preparados para afrontar un despliegue militar a miles de kilómetros de distancia.
Trump recordó además las dificultades internas que atraviesa Reino Unido, mencionó problemas relacionados con la inmigración y la energía y apuntó al enorme esfuerzo logístico que supondría trasladar nuevamente fuerzas hasta el Atlántico Sur. El estadounidense llegó incluso a sugerir que acabarían recurriendo a él para intervenir en una hipotética crisis y se mostró convencido de que sería capaz de resolverla.
Trump no ha reconocido la soberanía argentina sobre las islas ni ha negado explícitamente la británica, pero sus palabras adquieren especial relevancia después de haber indicado días atrás que Washington estaba dispuesto a revisar su posición sobre la disputa. Reino Unido ha reaccionado reafirmando que no tiene dudas sobre su soberanía y que defenderá el derecho de los habitantes de las islas a decidir su futuro.
El resultado político es incómodo para Londres. En apenas unas horas, su principal aliado internacional ha manifestado simpatía por la desaparición de la frontera entre las dos Irlandas y ha vuelto a abrir públicamente el expediente de las Malvinas mientras Argentina mantiene su reclamación sobre el archipiélago. Trump no ha cambiado formalmente el mapa, pero sí ha conseguido volver a ponerlo en discusión.
Irlanda del Norte no puede cambiar de país por una declaración de Trump
La contundencia de las palabras de Donald Trump no altera por sí misma la situación constitucional de Irlanda del Norte. El mecanismo que podría conducir a una Irlanda unificada está establecido en el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, que puso fin a décadas de violencia y determinó que cualquier modificación del estatus de Irlanda del Norte debe producirse mediante el consentimiento democrático de sus ciudadanos.
El acuerdo contempla la posibilidad de celebrar un referéndum sobre la reunificación cuando el Gobierno británico considere probable que una mayoría de los habitantes de Irlanda del Norte apoyaría abandonar Reino Unido para integrarse en una Irlanda unificada. Londres sostiene actualmente que esas circunstancias no concurren y ha reiterado que una consulta no está ahora sobre la mesa.
La posición estadounidense tiene, sin embargo, un considerable valor político. Estados Unidos desempeñó un papel fundamental en el proceso que desembocó en los acuerdos de paz y los presidentes norteamericanos han mantenido desde entonces una enorme cautela ante cualquier posicionamiento sobre la cuestión constitucional.
Por eso la declaración de Trump no tiene efectos jurídicos inmediatos, pero sí rompe un importante tabú diplomático. Washington no puede decidir una Irlanda unida, pero su presidente acaba de decir que quiere verla.
