El descarte del Observatorio del Roque de los Muchachos como emplazamiento definitivo del Telescopio de Treinta Metros constituye una decepción para La Palma y para Canarias. Habíamos depositado muchas esperanzas en una candidatura que fue ganando consistencia durante los últimos años, hasta el punto de que llegó a parecer posible que uno de los proyectos científicos más ambiciosos de nuestro tiempo terminara instalándose en las cumbres palmeras.
La alternativa de La Palma adquirió fuerza ante las dificultades encontradas por el proyecto en Hawai, donde una parte de la población local rechaza su instalación en Mauna Kea por el valor cultural y religioso de dicha montaña. Canarias y Hawai, dos archipiélagos unidos por tantos paralelismos (cielos limpios, volcanes, vientos alisios y su condición de destinos turísticos), comparten también unas condiciones excepcionales para la observación astronómica en el hemisferio norte. En el hemisferio sur, las cumbres de Chile ocupan una posición igualmente privilegiada, en este caso casi sin competencia.
La decisión del consorcio internacional (aunque liderado por Estados Unidos) promotor del telescopio pone fin, al menos por ahora, a la aspiración palmera. Pero una decepción no equivale a un fracaso. La candidatura de La Palma estaba a la altura del desafío. Así lo ha reconocido el propio consorcio al subrayar la excelencia científica del Roque de los Muchachos, el prestigio internacional del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y el extraordinario compromiso demostrado por España. No se trataba de una propuesta improvisada ni de una aspiración construida sobre el voluntarismo. Existían razones científicas, técnicas y económicas suficientes para defenderla.
También se produjo algo que merece ser destacado en un país demasiado acostumbrado a que el enfrentamiento político paralice los grandes objetivos colectivos. El Cabildo de La Palma, el Gobierno de Canarias y el Gobierno de España actuaron en una misma dirección, bajo el liderazgo de la comunidad científica del Instituto de Astrofísica de Canarias. El Ejecutivo central llegó a plantear la movilización de hasta mil millones de euros para hacer viable la operación.
Ese esfuerzo no ha obtenido el resultado esperado, pero tampoco ha sido inútil. Ha vuelto a situar a La Palma en el mapa internacional de las grandes infraestructuras científicas, ha fortalecido relaciones con algunas de las instituciones más importantes del mundo y ha demostrado que Canarias posee capacidad para competir por proyectos situados en la frontera del conocimiento.
Tiempo habrá para analizar las razones de la decisión y extraer las conclusiones oportunas. Ahora corresponde evitar tanto el derrotismo como la tentación de convertir el desenlace en munición para la disputa política. Nadie puede garantizar el éxito cuando se compite en un escenario internacional de esta dimensión. Lo exigible era presentar una candidatura solvente, comprometer los recursos necesarios y defenderla hasta el final. Eso se hizo, no debe quedar duda alguna.
Canarias seguirá siendo una potencia internacional en astrofísica. El Gran Telescopio Canarias, instalado en el Roque de los Muchachos, continúa siendo uno de los telescopios ópticos más importantes del mundo y una referencia para la observación desde el hemisferio norte. Junto a él existe una comunidad científica de enorme prestigio, una red de observatorios extraordinaria y un conocimiento acumulado durante décadas. Ese patrimonio no solo permite avanzar en la investigación pura. La astrofísica genera formación especializada, empleo cualificado, desarrollo tecnológico y aplicaciones industriales de alto valor añadido. En un territorio limitado por la fragmentación y la lejanía, la ciencia representa una de las mejores oportunidades para construir una economía más diversificada y conectada con el mundo.
Canarias ha sabido proteger la calidad de sus cielos y convertir una ventaja natural en una verdadera política científica. Debemos perseverar en ese camino. El mejor homenaje que puede rendirse ahora al trabajo desarrollado consiste en aprovechar todo lo aprendido y comenzar a identificar el siguiente gran objetivo. Esa fue la enseñanza de Francisco Sánchez, fundador del Instituto de Astrofísica de Canarias y gran pionero de la astronomía moderna en las Islas. En una de sus últimas entrevistas defendió que había que hacer todos los esfuerzos posibles para traer el Telescopio de Treinta Metros a La Palma. Pero añadió que, si finalmente no se conseguía, habría que empezar a trabajar inmediatamente en el siguiente telescopio. Esa será la nueva tarea.
La ciencia nunca se detiene. Siempre existe una pregunta más difícil, un horizonte más lejano y un desafío más ambicioso. Pocas disciplinas expresan esta realidad de una manera tan evidente como la investigación del universo, cuya inmensidad continúa fascinándonos y seguirá haciéndolo durante generaciones. La Palma tiene derecho a sentir hoy la decepción. Pero Canarias no ha perdido su lugar entre los grandes territorios de la astrofísica mundial. La carrera científica continúa. Y debemos estar preparados para afrontar, de la mano del Instituto de Astrofísica de Canarias, el próximo gran reto.
