‘La inteligencia artificial no sabe quién tiene talento en tu empresa’, por Víctor Portugués

Muchas veces le pregunto a muchos amigos empresarios y directivos de Canarias: ¿conoces realmente a las personas que trabajan contigo? Y, la cara que ponen es de sorpresa, como no los vamos a conocer, claro responden.

No me refiero a saber cómo se llaman, qué puesto ocupan o cuánto tiempo llevan en la empresa. Me refiero a que si conocen realmente qué saben hacer, qué les preocupa, qué les ilusiona y, sobre todo, qué podrían llegar a aportar si alguien les diera la oportunidad y sobre todo les escuchara.

Tengo la sensación de que estamos entrando en una época en la que hablamos muchísimo de inteligencia artificial y bastante menos de inteligencia humana. Nos preocupamos por automatizar procesos, mejorar la productividad y no quedarnos atrás. Y hacemos bien. Pero una empresa puede tener la mejor tecnología del mundo y seguir siendo una mala empresa para trabajar.

Estoy convencido de que en muchas empresas canarias hay personas que podrían aportar mucho más de lo que hoy se les permite. Trabajadores que llevan veinte años haciendo lo mismo y conocen mejor que nadie los problemas de la organización. Jóvenes con ideas que no se atreven a plantear. Mandos intermedios que saben qué debería cambiar, pero han aprendido que es más cómodo callarse. Y profesionales cuyas capacidades no aparecen en ninguna descripción de puesto.

Quizá no siempre nos falte talento. Quizá una parte del problema sea que no sabemos descubrir el que tenemos delante.

Los datos muestran que la transformación tecnológica ya está aquí. Según la encuesta sobre uso de TIC del INE correspondiente a 2025, el 16,7 % de las empresas canarias de diez o más empleados utilizaba inteligencia artificial, frente al 5,9 % del año anterior. La media española alcanzaba el 20,9 %. Es un salto considerable y solo el comienzo.

La IA puede ayudarnos a analizar información, mejorar procesos y liberar tiempo de tareas repetitivas. Pero me gustaría que antes de incorporarla nos hiciéramos una pregunta: ¿qué vamos a hacer con el tiempo y las capacidades de las personas que trabajan con nosotros?

Si la utilizamos únicamente para exigir que hagan más cosas en menos tiempo, quizá estemos perdiendo una oportunidad extraordinaria. La verdadera transformación debería permitir que las personas aporten más valor, aprendan y asuman nuevas responsabilidades. La tecnología debería ayudarnos a trabajar mejor, no simplemente a trabajar más.

Hay otro dato que merece una reflexión. Una encuesta del ISTAC publicada en 2026 recoge que el 78,2 % de las personas consultadas en Canarias está de acuerdo con que algunas empresas no encuentran trabajadores debido a las condiciones laborales que ofrecen. Es una percepción, no una explicación de todas las vacantes. Existen dificultades reales de cualificación y de disponibilidad. Pero cuando una empresa dice que no encuentra talento, quizá debería preguntarse también qué ofrece para atraerlo y qué hace para conservarlo.

Durante años hemos hablado de recursos humanos como si las personas fueran un recurso más. Pero las personas no funcionan como la maquinaria o el capital. Tienen expectativas, familias, preocupaciones y aspiraciones. Necesitan un salario adecuado, naturalmente, pero también respeto, reconocimiento, oportunidades y sentir que su trabajo tiene sentido.

No basta con contratar talento. Hay que conseguir que quiera quedarse.

Me llaman la atención las empresas que hablan continuamente de valores: compromiso, innovación, trabajo en equipo, confianza. Palabras que aparecen en páginas web y presentaciones corporativas. Pero la cultura de una empresa no es lo que escribe en su web. Es lo que ocurre un lunes cualquiera cuando alguien comete un error. Es cómo se trata a quien tiene un problema familiar. Es si un trabajador puede discrepar de su jefe sin miedo. Es si se reconoce una buena idea aunque venga de la persona con menos antigüedad. Y es cómo se despide a alguien cuando llega el momento.

La verdadera cultura empresarial se demuestra cuando nadie está preparando una presentación sobre ella.

También deberíamos hablar más de liderazgo. No siempre quien mejor conoce un trabajo es quien mejor sabe dirigir a las personas que lo realizan. Escuchar, dar confianza, resolver conflictos, reconocer el esfuerzo, explicar decisiones y saber exigir sin humillar son capacidades que se aprenden. El Foro Económico Mundial destaca en su informe sobre el futuro del empleo de 2025 competencias como el pensamiento analítico, la resiliencia, el liderazgo y la creatividad. Resulta curioso: en plena revolución tecnológica, muchas de las capacidades decisivas siguen siendo profundamente humanas.

Si tuviera que proponer una primera medida para nuestras empresas, sería sencilla: antes de invertir grandes cantidades en nuevas herramientas para gestionar el talento, dedicaría tiempo a conocer mejor a las personas. Preguntarles qué saben hacer que la empresa desconoce, qué les gustaría aprender, qué cambiarían de su trabajo y dónde creen que podrían aportar más. Y después, escuchar de verdad y actuar en consecuencia.

Revisaría también cómo evaluamos el desempeño. No para convertir a nadie en un número ni para multiplicar formularios, sino para que cada trabajador sepa qué se espera de él, qué está haciendo bien, dónde puede mejorar y qué oportunidades tiene. Una evaluación debería ser una conversación útil sobre su futuro professional en la empresa y, por lo tnaot, del future de la empresa. No un trámite que se archiva hasta el año siguiente.

Y vincularía cada proyecto de inteligencia artificial a un plan de desarrollo de las personas. Si una herramienta permite ahorrar horas, ¿por qué no dedicar parte de ese tiempo a formación, innovación o mejora del servicio? El éxito no debería medirse solo por las horas ahorradas, sino también por las capacidades que desarrollamos.

Medimos facturación, costes, productividad y resultados. Es imprescindible. Pero añadiría otras preguntas: ¿cuántas personas han crecido profesionalmente dentro de la organización? ¿Cuántas ideas de los trabajadores hemos puesto en práctica? ¿Cuántos puestos hemos cubierto promocionando talento interno? ¿Cuántas personas valiosas se han marchado y sabemos realmente por qué?

No propongo renunciar a la exigencia. Todo lo contrario. Una buena gestión de personas combina responsabilidad, resultados, reconocimiento y oportunidades. Una empresa necesita ser rentable para invertir y mantener empleo. Pero los resultados no aparecen solos: detrás hay personas.

No tengo dudas de que la inteligencia artificial transformará nuestras empresas. Algunas tareas desaparecerán, otras cambiarán y surgirán nuevas formas de trabajar. Tendremos que aprender y tomar decisiones difíciles. Lo que me preocupa es que, fascinados por lo que la tecnología puede hacer, olvidemos lo que las personas necesitan para dar lo mejor de sí mismas.

Canarias necesita incorporar inteligencia artificial y mejorar su productividad. Pero necesita también mejores líderes, organizaciones que escuchen y culturas empresariales donde las personas quieran desarrollar su talento.

Durante años hemos repetido que lo más valioso de una empresa son sus trabajadores. Estoy de acuerdo. Pero ha llegado el momento de dejar de repetirlo y empezar a demostrarlo. Decir que las personas son lo primero no cuesta nada. Gestionar una empresa como si realmente lo fueran exige tiempo, confianza, reconocimiento y, en ocasiones, que quienes dirigimos cambiemos antes de pedir a los demás que cambien.

Quizá dentro de unos años todas las empresas puedan comprar herramientas de inteligencia artificial muy parecidas. Lo que no podrán adquirir con una licencia informática es la confianza de sus trabajadores, el compromiso de un equipo, la experiencia acumulada o una cultura en la que las personas se sientan escuchadas.

La inteligencia artificial podrá ayudarnos a hacer muchas cosas mejor. Pero seguirá siendo responsabilidad nuestra conseguir que las personas quieran dar lo mejor de sí mismas.

Porque la tecnología se puede comprar. El talento se puede contratar.

Pero la confianza, el compromiso y una buena cultura empresarial hay que ganárselos cada día y en eso, las empresas canarias debemos ser las primeras, porque nos va en ello nuestro futuro como sociedad y nuestro futuro económico.