El Monólogo de Pepe Moreno: 'Alerta selectiva'

Pepe Moreno en 'Políticamente incorrecto' de Atlántico TV.

Es el segundo monólogo que escribo, porque con tanto corte de luz, o microcortes, como ustedes prefieran, perdí el otro y no sé dónde ha ido a parar. Hemos estado este fin de semana pendientes de la borrasca Emilia, que dejaba en el archipiélago nada menos que más de 2.000 incidencias, las relacionadas con la nieve, las lluvias y las alertas en las costas. La razón es que las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) se materializaron plenamente, ya que esta inestabilidad provocó durante el fin de semana lluvias intensas en el Archipiélago, rachas de viento cercanas a los 160 km/h en Izaña, así como episodios de granizo y nevadas en el Teide —donde se acumuló aproximadamente medio metro— y en las cumbres de Gran Canaria y La Palma.

Fotos de árboles caídos sobre los coches, gentes asustadas, accesos cortados y miles de situaciones especiales fueron la imagen de un sábado que nos encerró a todos en una borrasca, meteorológicamente habitual para esta época del año. Hablé con David Suárez, el delegado de la Agencia Estatal de Meteorología, y me dijo que este tipo de sistema suele afectar al Archipiélago durante el otoño, invierno e incluso primavera. Sin embargo, hacía tiempo que no se registraba una incidencia tan directa sobre las Islas como la experimentada recientemente. Se dieron episodios de granizo y nieve en el Parque Nacional del Teide. Ya anoche se decía que la borrasca comienza a abandonar las islas, desplazándose hacia otros sitios, como Valencia, donde ya se están dando las alertas que durante este fin de semana han copado las emergencias isleñas.

La borrasca causó 21 cancelaciones y tres desvíos de vuelos. También se produjeron desvíos en rutas sobre Canarias por tormentas. Fred Olsen también sufrió de cancelaciones y de reubicaciones y, sobre todo, fue una imagen que se hizo viral la del movimiento de algunos barcos en su acercamiento a los puertos canarios. ¿Se imaginan a los pasajeros en esas circunstancias? No quiero ni pensarlo.

El estar en casa nos permitió a todos ver las noticias. Así pudimos saber que en La Laguna no funcionó el mercado municipal, que en Tegueste no se llevó a cabo ninguno de los actos programados, que en Santa Cruz se suspendía toda la agenda al aire libre y que se cerraban los parques públicos. En Garachico y Los Silos, que son localidades especialmente sensibles al mal estado del mar, hubo restricciones de tráfico. Que en El Teide había rachas de vientos que superaban los 135 kilómetros por hora, que significaba lo que los meteorólogos llaman “un desplome térmico”, y en nada comenzó a nevar en la cumbre, lo mismo que en La Palma.

En la misma tónica que hablamos antes, en Candelaria, paralizaban ayer todas las actividades en espacios abiertos y prohibían aparcar en el cauce de los barrancos. Frenaron el evento Tapas y Vinos 2025, que estaba programado para hoy, amparándose en la previsión meteorológica adversa.

En Güímar no se pudieron hacer diferentes actividades del área de comercio, como el tren turístico por el Puertito, los talleres y la ludoteca, y el pintacaras y el concierto familiar que se iban a llevar a cabo en la Plaza de Las Flores.

Tampoco se pudo hacer nada ni en El Rosario ni en Tacoronte. Todo estaba suspendido. Las autoridades, por aquello de curarse en salud, como por ejemplo las de La Orotava, suspendieron todas las actividades culturales, festivas y deportivas.

Todo esto nos lleva a pensar la cantidad de tiempo que llevamos sin hablar de política. Esto del tiempo meteorológico es un invento que podría hacer el presidente del Gobierno para que nadie hablara de los escándalos de esta Legislatura. Y mientras miramos al cielo, pendientes de si cae agua, nieve o granizo, la política aprovecha para esconderse bajo el paraguas. Porque cuando el parte meteorológico ocupa horas de radio y televisión, portadas digitales y conversaciones de bar, los asuntos turbios pasan a segundo plano. Y no será porque falten.

En medio de este temporal atmosférico que nos obliga a mirar al cielo, la tormenta política y judicial no amaina. La condena del exfiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, por revelación de secretos, que nos queda lejos en el tiempo porque la actualidad nos devora, nuevas investigaciones de la UCO que les han llevado a registrar Correos, Hacienda y Transición Ecológica o la puesta en libertad de Leire Díaz, el de la SEPI y el amigo de Servimar. 

Este cúmulo de casos —sumado a los escándalos por supuestos acosos y mala gestión interna que han salpicado a dirigentes socialistas— no solo erosiona la confianza en las instituciones, sino que plantea un debate más profundo sobre la salud democrática del país. Que estas turbulencias coincidan con avisos de alerta meteorológica y con una ciudadanía más pendiente de su seguridad física que de las explicaciones políticas no es una casualidad, sino una metáfora de la desconexión creciente entre quienes gobiernan y quienes sufren las consecuencias.

Como explicaba en su editorial La Gaceta de Canarias, lo que se necesita es actuar ahora con claridad, sin estridencias, pero sin miedo, porque lo que está pasando es insostenible. No por una causa aislada, sino por la suma de todas. Por el clima, por los hechos, por el descrédito. Elecciones ya no es un eslogan: es una salida democrática. Que hablen las urnas. Que decida la ciudadanía. Que cada partido se someta al juicio que tanto exige a los demás.

Y no hemos hablado del controvertido Nobel de la Paz a Corina Machado ni de lo caro que está la cesta de la compra en estas Navidades, donde hasta los dueños de la tinerfeña Garriga han tenido que pedir perdón por subir el precio de sus bocadillos de tortilla por culpa de lo que cuestan los huevos de hoy. Ello se debe a que a menos de dos semanas de la cena de Nochebuena, ya hemos constatado que las subidas en los precios se realizan día a día, sin tregua, y nos recuerdan que serán las fiestas más apretadas que se recuerdan en años a la hora de configurar sus menús en días clave.

Porque todos aquellos platos considerados tradicionalmente ‘refugio’, es decir, las alternativas más asequibles frente a los productos tradicionalmente más caros, como besugo o cordero, son los que más se han encarecido en un año.

España necesita menos relato y más verdad. Menos tacticismo y más coraje. Menos ‘hooligans’ y más estadistas. Y, sobre todo, necesita volver a creer que la política sirve para algo más que para resistir en el poder.

Y el Tenerife ganando, dando un golpe de autoridad encima de la mesa ante un rival que parecía no jugar en los primeros minutos, pero que luego lo hizo y que incluso tuvimos la angustia de perder o empatar. Nos vino bien ese triunfo y hoy parece que tenemos otra cara porque las mieles de triunfo no engordan.