El mercado de los metales preciosos cierra el año con resultados excepcionales. Tanto el oro como la plata han registrado fuertes revalorizaciones, convirtiéndose en dos de los activos más rentables del ejercicio en un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica, la inflación persistente y las dudas sobre la evolución de los tipos de interés.
El oro termina el año con una subida aproximada del 70%, impulsado por la fuerte demanda de los bancos centrales, el aumento de las compras de inversión y la búsqueda de refugio ante la volatilidad de los mercados financieros. El metal precioso ha cotizado durante buena parte del año en niveles cercanos a máximos históricos, reforzando su papel como valor seguro en tiempos de inestabilidad económica y política.
Por su parte, la plata ha protagonizado un comportamiento aún más espectacular, con una revalorización cercana al 160% en el conjunto del año. A su tradicional función como activo refugio se ha sumado una elevada demanda industrial, especialmente vinculada a la transición energética y a la fabricación de tecnología y componentes electrónicos, en un contexto de oferta limitada.
Estos resultados sitúan al oro y la plata entre los grandes protagonistas del año financiero, muy por delante de muchos índices bursátiles y otras materias primas, y refuerzan su atractivo de cara a los próximos meses.