El Monólogo de Pepe Moreno: 'La historia interminable'

Pepe Moreno en 'Políticamente incorrecto' de Atlántico TV.

Aquí estamos. Comenzando una nueva semana. Es lunes, y ya ha pasado más de una semana de la captura de Nicolás Maduro y su esposa y todo sigue igual, a excepción de una serie de presos, unos hablan de 16 y otros de 17, que han salido de distintas cárceles y que no han hablado con nadie, porque no pueden, ya que así se recogía en su acta de puesta en libertad. Nada ha cambiado; ahora la presidenta encargada es Delcy Rodríguez, que antes era la vicepresidenta con Maduro. Nadie ha interceptado a Diosdado Cabello, ni a Vladimir Padrino. ¿Cómo puede alguien llamarse Vladímir y no ser de izquierdas? Ese hombre, cuando le pusieron ese nombre, de chiquito, ya sabían que sería un pope y que mandaría mucho; ahora es el ministro de la Defensa Bolivariana y nadie le tose.

He leído muchas cosas de Venezuela. He hablado con algunos de sus ciudadanos y todos desconfían, cada día más, en que Estados Unidos vaya a resolver el problema. Lo lógico es que lo hubieran arreglado ellos, los propios venezolanos, pero no ha sido así. Es todo tan lamentable que hasta resulta gracioso. En la rueda de prensa de Trump dijo 27 veces la palabra “petróleo” y ninguna “democracia”. Ayer mismo, decía el presidente que será Estados Unidos quien dirija Venezuela y será quien saque el petróleo durante años. A eso en otras partes del mundo lo calificábamos como “democracia vigilada o títere”. Aquí no sé cómo se llamará. Hubo incluso una reunión con empresas petroleras y dijeron que había que rebajar el dinero a invertir, pero todos hablaron de triplicar la extracción del oro negro. El petróleo que aún es esencial en Venezuela, en Cuba ya está sufriendo la presión de EE. UU. por depender del crudo venezolano subsidiado.

El debate sobre Venezuela prioriza la soberanía estatal y la no intervención, pero estos conceptos no deben justificar la opresión. La soberanía depende del cumplimiento de los deberes básicos; un régimen opresivo pierde legitimidad. Derechos como la vida y la dignidad son principios universales, no valores opcionales. Dice un analista, que he podido leer en los últimos días, que cuando un gobierno vulnera estos derechos, no puede invocar la legalidad internacional para evitar críticas. La crisis en Venezuela es humanitaria, no solo ideológica.

Millones de personas han emigrado de Venezuela y quienes permanecen en el país se enfrentan a carencias, restricciones y a una falta de seguridad que no tiene paragón. ¿Ha mejorado en algo la vida de los que viven allí en esta semana que ha pasado? Estoy convencido de que muy pocas cosas.

He hablado con varios venezolanos que solicitaron anonimato por miedo a represalias. Una persona me narró que un vendedor agrícola celebró la captura de Maduro. Dos días después, fue detenido por la policía, que exigió 1000 dólares para liberarlo. Su familia reunió el dinero. ¿Ha desaparecido el “régimen”? Otra persona hablaba, en Radio Marca, desde su despacho en Santa Cruz de Tenerife, que su primo, ingeniero, fue detenido porque en su teléfono móvil aparecía una operación de ¡50 dólares! y lo trasladaron a una prisión. Finalmente, se le puso en libertad.

Y luego está su relación con la UE, en la que el presidente estadounidense nos ha colocado en su punto de mira, convirtiendo a antiguos aliados en dos bloques enfrentados. Aunque en un primer momento Trump ha focalizado la pugna con Europa en el ámbito comercial, con la imposición de aranceles o en defensa de las grandes corporaciones tecnológicas estadounidenses, su obsesión por hacerse incluso mediante una acción militar con Groenlandia, un territorio perteneciente a Dinamarca, y que ha roto todas las líneas rojas en las relaciones transatlánticas.

En fin, allá ellos con sus problemas, aunque aquí nos siguen afectando porque siempre nos hemos considerado una parte de Venezuela, ya que entre nosotros viven muchos acogidos que un día tuvieron que huir de su país y porque la considerábamos una parte de este archipiélago en la que se buscaban los votos, y la inversa, entre sus habitantes.

Sin embargo, quiero aprovechar este monólogo para otra cosa, como el informe anual de personas desaparecidas publicado en 2025 por el Ministerio del Interior, que recoge que en 2024 se interpusieron en Canarias 3.767 denuncias por menores desaparecidos. Eso nos llevaría a pensar que hay algunos asuntos que hacen que los jóvenes que se la han jugado en un cayuco luego busquen otra forma de salir adelante porque aquí se encuentran atados de pies y manos para salir adelante, pues existe un bloqueo en sus planes de futuro y nadie les pone una solución que convenza. Es fácil pensar que desde un entorno hostil se diga que la huida es una salida posible, pero no debería ser así, porque esas personas son menores y pueden darse abusos por parte de los adultos, como ya se ha dado.

Esto me lleva al editorial de La Gaceta de Canarias que el domingo escribió que “un pontífice, como León XIV visite Canarias por primera vez en la historia y lo haga en un momento tan marcado por la crisis migratoria no es una coincidencia”. Y cuesta no darle la razón. Porque la posible visita papal —más allá del protocolo, la agenda o la fotografía— coloca a las islas en el centro de una conversación que Europa lleva demasiado tiempo esquivando. Aquí se ve cuando las políticas migratorias se diseñan desde los despachos y se ejecutan, o se abandonan, en los márgenes.

Lo que pasa es que ya están desde la otra provincia diciendo que Gran Canaria será “la puerta de entrada y la primera escala” de la visita del papa León XIV a Canarias. Está claro que el mensaje del presidente del Cabildo, Antonio Morales, es el de generar “un gran impacto en la comunidad de fieles de la Iglesia de la isla, pero también en el conjunto de la sociedad de Gran Canaria”. ¿Y el resto de las islas, qué?

No quiero que este monólogo me salga ese rejo insularista que todos tenemos presente, pero algunos ya se andan posicionando. Y los nuestros, aquí, todavía en Belén con los pastores.

No podemos desgajar, por tanto —como decía ayer el editorial de La Gaceta—, la visita papal del fenómeno migratorio que tiene en las Islas a uno de sus puntos más complejos en todo el planeta. Sin este hecho, el Papa no vendría a Canarias. Este detalle no puede ser pasado por alto.

Ya verán cómo habrá materia para seguir hablando de ello. Por lo demás, como decía al principio, todo sigue igual. El Tenerife ganando, aunque sea en el último minuto, y siendo el campeón de la primera vuelta y la UD Las Palmas con un empate que le permite ser segundo en la Segunda División. Todo igual.