El editorial del domingo en La Gaceta de Canarias: Canarias exige respeto, no limosnas

Canarias debe cambiar su manera de pensar, pero sobre todo debe exigir que se le piense y se le trate de otra manera. El debate sobre la financiación autonómica vuelve a dejar al descubierto una realidad persistente y cada vez más insoportable: el Archipiélago sigue siendo observado desde Madrid como una excepción incómoda, no como un territorio con derechos propios derivados de su condición geográfica, económica y social.

Se habla de fondos adicionales, de cifras que rondan los 500 millones de euros, de correcciones técnicas y de ordinalidad. Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿es dinero real, estructural y consolidado o simple ingeniería financiera para maquillar un sistema de reparto que continúa siendo excluyente? El Gobierno regional dice una cosa, el Gobierno nacional otra, y en medio queda Canarias, sin certezas y con la sensación permanente de no ser tenida en cuenta. La insularidad, la lejanía y el sobrecoste siguen sin pesar lo que deberían.

Conviene recordarlo con claridad: el REF no es un privilegio ni un regalo. Es la traducción legal de una realidad distinta. Pensar lo contrario es desconocer Canarias o, peor aún, despreciarla. El presidente Fernando Clavijo, junto al trabajo riguroso del comisionado del REF, José Ramón Barrera, ha hecho lo que corresponde: reclamar lo que es justo. Tal vez no se lo concedan, pero no defenderlo sería una rendición imperdonable. En la Península se sigue percibiendo el REF como una ventaja artificial, cuando en realidad es un mínimo corrector para no competir en desigualdad absoluta.

Pero el problema ya no es solo Madrid. Europa también empieza a fallar. La Unión que presumía de cohesión ha entrado en una peligrosa deriva tecnocrática y distante, cuestionando incluso a las Regiones Ultraperiféricas. La actitud de la Comisión Europea y de Úrsula von der Leyen ha generado un profundo malestar en el campo canario, que vive con escalofríos y sin oxígeno ante una incertidumbre constante. No es casual que se hable ya de traición a las RUP ni que algunas fuerzas hayan elevado el tono hasta extremos inéditos.

Eso sí, la experiencia nos dice que a última hora, cuando el daño ya está hecho, a los políticos les suele entrar la gastroenteritis europea: prisas, rectificaciones, comunicados y soluciones sacadas de la chistera. Siempre a posteriori. Siempre tarde.

Mientras tanto, el sector primario aguanta como puede. Y aquí conviene decir algo incómodo. Los canarios defendemos el kilómetro cero, nuestra agricultura y nuestro campo sin complejos. Pero hay entidades que, llegado el momento, tratan a los medios de esta tierra como de segunda o última fila. Se acuerdan de nosotros cuando hay lío, cuando hay dudas o cuando el futuro económico se tambalea, pero desaparecen cuando toca invertir, comunicar o respetar. Gastan millones en campañas peninsulares —porque allí hay que convencer— y aquí, donde el apoyo es natural y leal, se nos trata como si estorbáramos. No va de dinero. Va de dignidad, de alma y de respeto. Y duele. No solo a La Gaceta de Canarias, sino a muchos medios hermanos que han vivido lo mismo.

A todo esto se suma una asfixia normativa descontrolada. Más de 1.400 nuevas leyes en un solo año. Muchas impulsadas desde una Europa cada vez más alejada de la realidad productiva. Más trabas, menos comercio, menos empleo y más ahogo para el pequeño empresario y el trabajador. Un cóctel perfecto para frenar cualquier posibilidad de crecimiento real.

Y la vivienda completa el fracaso. No solo por leyes mal diseñadas, okupación o inseguridad jurídica, sino también por una avaricia desatada. Grandes y pequeños propietarios, inmobiliarias y supuestos consultores han convertido un derecho básico en un negocio sin límites. Esto no va de comunismo, socialismo o conservadurismo. Va de coherencia y de sentido común.

Mientras la política estatal vive del titular —con un PSOE irreconocible y un PP sin iniciativa—, el mundo se mueve. Trump habla de orden, de reglas claras y de fuerza. Europa se unifica en torno a Groenlandia, pero España sigue sin definirse. Señor presidente Sánchez: si se está con Europa y con la OTAN, se está para todo. Incluso para asumir responsabilidades en defensa, aunque nadie quiera lo peor. La indefinición también es una forma de debilidad.

En Canarias conviene no olvidar algo esencial: cuando se vota no se elige solo una sigla. Se decide si Canarias será respetada o seguirá siendo tratada como una nota al pie. Y eso, después de décadas, ya no es aceptable.

Feliz semana, con salud, con humildad y con los pies en la tierra. FITUR vuelve a recordarnos que el verdadero objetivo no es crecer sin límite, sino mantener el equilibrio: una horquilla de entre 15 y 18 millones de turistas que permita sostener la economía sin romper la convivencia ni el territorio.