Canarias no se enfrenta hoy a una crisis abrupta, pero sí a una decisión silenciosa que marcará su futuro: o refuerza su capacidad productiva, o consolida un modelo cada vez más dependiente del exterior.
Esta decisión no se toma en un solo acto. Se toma —o se evita— cada día, en ámbitos muy concretos: industria, energía y contratación pública.
Industria: más que un complemento al turismo
La industria sigue siendo tratada en Canarias como un sector secundario, cuando en realidad es un pilar de estabilidad económica. Allí donde hay industria hay empleo más estable, mayor valor añadido y mayor capacidad de resistir crisis externas.
La experiencia reciente lo ha demostrado: durante la pandemia, la industria y la producción local fueron esenciales para garantizar suministros básicos y sostener otros sectores económicos.
Sin embargo, producir en Canarias sigue siendo difícil. No por falta de empresarios o de proyectos, sino por un entorno que penaliza:
Energía: el cuello de botella que condiciona todo
Hablar de industria sin hablar de energía es engañarse. En Canarias, la energía sigue siendo uno de los principales factores de pérdida de competitividad.
La transición energética es imprescindible, pero debe hacerse con realismo económico. Implantar renovables sin almacenamiento suficiente, sin redes robustas y sin planificación genera inestabilidad y sobrecostes que acaban pagando las empresas y las familias.
Si no somos capaces de avanzar hacia una energía:
la industria canaria seguirá partiendo con desventaja, por mucho que se hable de diversificación económica.
Contratación pública: decidir qué modelo se impulsa
La contratación pública es una de las herramientas más poderosas —y menos aprovechadas— para fortalecer la producción local.
Cada licitación es una decisión económica. Cada adjudicación envía un mensaje claro al mercado. Y durante demasiado tiempo el mensaje ha sido: el origen no importa.
Eso tiene consecuencias. Cuando no se valora el impacto económico local, la creación de empleo o la reducción de dependencia exterior, se pierde una oportunidad estratégica enorme.
Existen márgenes legales suficientes —como ya ocurre en otras comunidades y países europeos— para introducir criterios sociales, medioambientales y territoriales que favorezcan la producción en Canarias sin vulnerar la normativa.
No hacerlo no es neutral. Es una decisión en contra del tejido productivo local.
El coste de no actuar
No reforzar la industria, no resolver el problema energético y no utilizar la contratación pública de forma estratégica tiene un coste acumulativo. Un coste que no aparece en los presupuestos, pero que se paga en:
Recuperar capacidad productiva perdida siempre es más caraque haberla protegido a tiempo.
Una cuestión de responsabilidad colectiva
Este no es un debate solo empresarial ni solo institucional. Es un debate de futuro. Porque producir más en Canarias significa decidir qué modelo económico queremos y qué grado de autonomía estamos dispuestos a defender.
No se trata de cerrar la economía, sino de equilibrarla. No se trata de renunciar a lo que funciona, sino de reforzarlo para que no dependa exclusivamente de factores externos.
La pregunta es sencilla, aunque incómoda: ¿Queremos decidir nuestro futuro económico o seguir reaccionando a decisiones tomadas fuera?
El tiempo para decidir es ahora. Después, como tantas veces, será tarde.
Víctor Portugués Carrillo
Economista