En las últimas semanas estamos viviendo una situación, que aunque pueda parecer lejana, tiene mucha más importancia de la que pensamos: el dólar ha caído hasta niveles cercanos a 1,20 dólares por euro. Es decir, con un euro hoy compramos muchos más dólares que hace solo unos meses.
Pero… ¿por qué es relevante esto? ¿Y cómo nos afecta a la economía mundial, a España y, muy especialmente, a Canarias?
Vamos por partes, a grandes rasgos, el tipo de cambio es el “precio” de una moneda frente a otra. Cuando decimos que el dólar está bajo, lo que estamos diciendo es que el dólar se ha debilitado frente al euro. Y esto no ocurre para nada por casualidad. Detrás hay varios factores: una política monetaria muy expansiva en Estados Unidos, tipos de interés cercanos a cero, enormes estímulos fiscales y una gran cantidad de dólares circulando por el mundo.
Cuando hay muchos dólares en el mercado, su valor tiende a bajar. Es una cuestión básica de oferta y demanda.
A nivel mundial, un dólar débil tiene efectos muy claros. Por un lado, favorece las ventas de Estados Unidos ya que sus productos se vuelven relativamente más baratos en los mercados internacionales fomentando con ellos sus exportaciones, encareciendo a su vez lo que compran de fuera (importaciones), lo que consecuentemente podría entenderse como una estrategia para fortalecer su producción interna.
Además, muchas materias primas, como el petróleo, se negocian en dólares. Cuando el dólar baja, estas materias primas suelen subir de precio en dólares, aunque para los países con moneda fuerte, como el euro, el impacto se suaviza.
¿Y qué pasa en España?
Para España, un euro fuerte tiene luces y sombras. La parte positiva es que importar es más barato. Energía, tecnología, bienes intermedios… todo aquello que compramos fuera de la zona euro cuesta menos. Eso ayuda a contener la inflación y reduce costes para empresas y consumidores.
Pero hay una cara menos amable: exportar se vuelve más difícil. Nuestros productos son más caros para quienes pagan en dólares. Sectores como la industria, el agroalimentario o incluso el turismo pueden perder competitividad frente a países con monedas más débiles.
Y ahora vamos a lo que más nos toca de cerca: Canarias.
Aquí el efecto del tipo de cambio se nota especialmente por dos razones clave: el turismo y las importaciones.
Por un lado, un euro fuerte frente al dólar puede hacer que Canarias resulte un destino algo más caro para turistas de países que usan o están vinculados al dólar, como Estados Unidos o algunos mercados emergentes. No obstante, hay que decir que este tipo de turistas hoy por hoy no son el principal mercado para nuestras islas, pero sí es un segmento con alto poder adquisitivo y en crecimiento.
Por otro lado, Canarias es una economía muy dependiente del exterior. Importamos prácticamente todo lo que consumimos: combustibles, alimentos, bienes de equipo. Por ello, un dólar bajo abarata esas importaciones, lo que puede ayudar a reducir costes y aliviar presiones sobre precios y márgenes empresariales.
En resumen, un dólar débil es como una moneda con dos caras. Beneficia al consumidor y a los importadores, pero plantea retos a la competitividad y al crecimiento vía exportaciones y turismo.
Entender estos movimientos no es solo cosa de economistas o mercados financieros. El tipo de cambio acaba influyendo en el precio de lo que compramos, en la llegada de turistas y, en definitiva, en la salud de nuestra economía.
Y por eso, aunque parezca un dato técnico más, que el dólar esté en mínimos es una noticia que conviene seguir muy de cerca.
Jordi Bercedo
Economista