La movilización del campo en Madrid contra el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur no fue solo peninsular. Canarias también estuvo representada —aunque sin tractores cruzando el Atlántico— a través de organizaciones profesionales agrarias, cooperativas y portavoces del sector primario que respaldaron el manifiesto común contra lo que consideran “competencia desleal”.
El Archipiélago aporta un argumento diferencial: su condición de región ultraperiférica. Los productores canarios denuncian que el acuerdo no contempla una “cuota canaria” específica ni salvaguardas diferenciadas para territorios con sobrecostes estructurales. En islas donde producir implica más logística, más insumos importados y menor escala, la entrada de carne, frutas o azúcar procedente de Brasil o Argentina puede tensionar aún más los precios en origen.
Sectores como el tomate, el plátano, el aguacate o la ganadería insular advierten de que competir con producciones sudamericanas —con estándares y costes distintos— sin mecanismos correctores puede poner en riesgo explotaciones familiares ya al límite.
Canarias no llevó 300 tractores a Colón, pero sí llevó una reivindicación clara: si Europa firma, debe proteger. Porque en las Islas el campo no es solo economía; es territorio, paisaje y soberanía alimentaria.