Nuevo colapso en el control de pasaportes del Reina Sofía: “Dos horas atrapados nada más aterrizar”

El jueves y viernes pasados volver a aterrizar en el Aeropuerto Tenerife Sur–Reina Sofía fue, literalmente, una pesadilla. Como testigo directo, pude comprobar cómo el control de pasaportes se convirtió de nuevo en un cuello de botella insoportable, con esperas cercanas a las dos horas para poder salir de la terminal.

La situación no afectó solo a los pasajeros. Los conductores de guaguas de transporte turístico tuvieron que aguardar también hasta dos horas para recoger a los viajeros, pese a que los aviones ya habían aterrizado. Un retraso en cadena que acabó repercutiendo en hoteles, excursiones y traslados.

Y el caos no terminó ahí. Una vez fuera de la terminal, los viajeros se encontraron con largas y vergonzosas colas para acceder a un taxi, prolongando la mala experiencia en el primer contacto con la isla.

Entre Aena, con instalaciones claramente deficientes, y el Ministerio del Interior, responsable de unos sistemas de control mal instalados y que aquí fallan de forma habitual —aunque funcionan correctamente en otros aeropuertos—, el daño al destino es evidente.

Como testigo, la sensación es clara: al turista se le maltrata nada más llegar. En este punto, ya no sirven más explicaciones ni promesas. Se necesita una intervención urgente y firme de las autoridades, porque lo que ocurre en el Reina Sofía no es una anécdota, es un problema estructural que perjudica gravemente a la imagen y a la economía de Tenerife.

Por José Fernando Cabrera