Un portátil olvidado en el aeropuerto, un correo que simula ser del banco, un pendrive extraviado con datos sensibles, no hace falta imaginar un gran ciberataque internacional para sufrir una brecha de seguridad, basta un descuido cotidiano.
En una sociedad donde el trabajo, la banca, la sanidad y la vida personal dependen de credenciales digitales, la seguridad empieza por algo tan sencillo, y tan olvidado, como una buena contraseña.
Según el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), en 2025 se gestionaron 122.223 incidentes en España, un 26% más que el año anterior. El malware y el fraude online encabezan la lista, pero detrás de muchos ataques hay un factor común: la reutilización de contraseñas.
El error que abre todas las puertas
Repetir la misma clave en varios servicios es como usar una única llave para casa, coche y oficina. Si alguien la copia, tendrá acceso a todo.
Técnicas como el credential stuffing, uso automatizado de credenciales filtradas en otras brechas, funcionan porque millones de usuarios siguen utilizando la misma contraseña en distintos sitios. Cuando una plataforma sufre una filtración, el efecto dominó es inmediato.
La recomendación es clara: una contraseña distinta por servicio.
Mejor una frase que un galimatías
Durante años se aconsejó crear combinaciones imposibles de recordar. Hoy la tendencia ha cambiado, lo más eficaz son las frases largas.
En lugar de algo como X7#kP9mL2!, es preferible una frase personal y extensa:
- MiGatoComeCroquetasEn2026!
- SolPlayaVeranoHelado2026!
- CaballoBateriaLimonAzul2026!
Son fáciles de memorizar y mucho más resistentes a ataques automáticos.
Además, siempre que sea posible, conviene activar un segundo factor de autenticación. Empresas como Google, Microsoft y Apple ya permiten utilizar aplicaciones autenticadoras o passkeys, un sistema sin contraseña tradicional que es resistente al phishing.
El gestor de contraseñas, el gran aliado desconocido
Memorizar decenas de claves únicas es inviable, por eso los expertos recomiendan utilizar gestores de contraseñas, aplicaciones que almacenan de forma cifrada todas las credenciales y generan combinaciones seguras automáticamente.
Entre las opciones más populares están Bitwarden, 1Password o KeePassXC. Solo es necesario recordar una contraseña maestra robusta para acceder al resto.
Invertir media hora en configurarlo puede evitar años de problemas.
Cifrar el dispositivo, la protección que muchos olvidan
Tan importante como la contraseña es proteger el equipo donde se almacenan los datos. Si un portátil o un móvil se pierde, el cifrado impide que la información pueda leerse, aunque se extraiga el disco duro.
Los sistemas actuales lo incluyen de forma nativa:
- BitLocker en Windows
- FileVault en macOS
- Android e iOS activan el cifrado al configurar un código de desbloqueo
Pero no solo el ordenador necesita protección, también deberían cifrarse discos duros externos, memorias USB y copias de seguridad. Un simple pendrive extraviado puede contener nóminas, contratos o datos médicos.
Herramientas como VeraCrypt permiten cifrar dispositivos completos, incluso en versiones domésticas de Windows.
La nube no es invulnerable
Servicios como Google Drive, Dropbox o OneDrive aplican cifrado, pero si alguien obtiene nuestras credenciales, el acceso será legítimo desde el punto de vista técnico.
Por eso conviene:
- Activar 2FA (doble factor) o passkeys.
- Revisar sesiones abiertas periódicamente.
- Limitar permisos compartidos.
Para mayor privacidad, soluciones como Proton Drive o Cryptomator permiten cifrar archivos antes de subirlos.
Una cuestión de hábitos
Las amenazas evolucionan, phishing con inteligencia artificial, ransomware automatizado, mercados negros de credenciales, pero la primera línea de defensa sigue siendo sorprendentemente sencilla:
- Contraseñas únicas y largas.
- Gestor de contraseñas.
- Doble factor o passkeys.
- Cifrado completo de dispositivos.
No es una cuestión de conocimientos avanzados ni de grandes inversiones, es cultura digital básica.
Porque en 2026 la pregunta ya no es si alguien intentará acceder a nuestros datos, sino si estaremos preparados cuando ocurra.
CONCLUSIÓN
La ciberseguridad ya no es un asunto exclusivo de empresas tecnológicas o grandes empresas, es una responsabilidad cotidiana. En un mundo hiperconectado, proteger nuestras credenciales y nuestros dispositivos es, simplemente, proteger nuestra vida digital.
Isaac Díaz
Procade