La crisis de Oriente Medio ha entrado en una fase de máxima tensión tras el anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que su Administración se ha fijado un plazo de diez días para decidir si lanza una acción militar contra Irán ante el bloqueo de las negociaciones sobre su programa nuclear.
El ultimátum de Washington llega en un contexto de creciente despliegue militar estadounidense en la región, advertencias cruzadas entre potencias internacionales y un aumento de la presión diplomática sobre Teherán. Trump ha asegurado que, si no se alcanza un “acuerdo significativo”, Estados Unidos está preparado para dar un paso más, una expresión que ha sido interpretada como la antesala de un ataque.
Irán, por su parte, mantiene que su programa nuclear tiene fines pacíficos y rechaza ceder bajo amenazas, mientras actores como Rusia y la Unión Europea llaman a la contención para evitar una escalada que podría desestabilizar aún más Oriente Medio.
Con el reloj en marcha, la comunidad internacional observa con inquietud un escenario en el que la diplomacia y la fuerza militar compiten contrarreloj, con consecuencias imprevisibles para la región y la seguridad global.