El Monólogo de Pepe Moreno: 'Ruido de Fondo'

Pepe Moreno en 'Políticamente incorrecto' de Atlántico TV.

Aún estoy digiriendo los sucesos de Arona, concretamente en el barrio de Cabo Blanco, en el que un hombre de 35 años, camarero para más señas, acabó en la madrugada del viernes con la vida de su hijo de 10 años e hirió, gravemente, a su esposa y a un miembro de la Guardia Civil, que al parecer se recupera.

No basta con decretar lutos, condenar públicamente o citar estadísticas desoladoras. Si la violencia vicaria y machista puede estallar en un hogar sin señales claras, sin denuncias previas y sin órdenes de protección, entonces algo falla en la prevención, en la detección y en el acompañamiento de quienes están en riesgo. Las llamadas de los vecinos, los disparos de la Guardia Civil y los minutos de silencio que vendrán son respuestas cuando ya ha ocurrido lo peor.

Por eso, más allá de la consternación y el dolor, este suceso debe impulsarnos a exigir a las instituciones, a las administraciones y a la sociedad entera una reflexión más profunda y acciones más ambiciosas para que ningún niño tenga que ser la siguiente cifra en una estadística trágica. Esa, y solo esa, debe ser la verdadera lección de una noche que nadie debería olvidar.

Ayer fue el último día del carnaval en Santa Cruz de Tenerife con una gran exhibición pirotécnica. Este año hay que anotar en las incidencias una serie de ataques con gas mostaza y una sumisión química que se está investigando; por lo demás, bien, en líneas generales, incluso la asistencia al baile multitudinario del pasado sábado de piñata en el que se dieron cita más de 425.000 personas. Era el segundo Carnaval de Día del año, unido a una misma jornada festiva, con más de medio centenar de actuaciones, como las de Sebastián Yatra o Nicky Jam; en 18 horas ininterrumpidas de música y baile.

Fue un día memorable, que demostró la fuerza de un modelo festivo cuya esencia está en la calle. Personas de todas las edades participaron: familias, grupos de amigos y mayores, disfrutando del ambiente y mostrando disfraces originales mientras crecía la multitud con el paso de las horas.

Sin embargo, no se me caía de la cabeza lo que pasó en Arona. No podía, porque en esa localidad del sur de Tenerife no hubo denuncias previas, como ha ocurrido en otros casos de violencia vicaria que han dejado dolor indeleble en esta tierra, pero la falta de señales no puede seguir siendo sinónimo de ausencia de riesgo; al contrario, es una llamada de atención para revisar cómo se protege a quienes más lo necesitan antes de que sea demasiado tarde.

Fue un fin de semana particular, lleno de cosas variadas, pero en el que sobresalía lo que pasó en el sur de la isla. Me ha impactado.  El episodio del asesinato de Yared, que así se llamaba el menor, y las graves lesiones de su madre Almudena reabre, por enésima vez, la necesidad de proteger a las mujeres y a sus hijos. Tanto a aquellas que han denunciado y están dentro del sistema de protección VioGen como a las que todavía no han detectado el peligro o no se han atrevido a informar a las fuerzas de seguridad. Almudena aún se debate entre la vida y la muerte en una habitación de la UCI del HUC y no se sabe hasta cuándo. Se ha reabierto el debate de si los agentes de policía, sean y pertenezcan a cualquier organismo, deberían llevar pistolas eléctricas (dispositivos electrónicos de control), con el objetivo de que, ante una persona violenta y alterada con un arma blanca, se la pueda reducir con una descarga. Es decir, que no sea necesario realizar disparos que pueden comprometer la vida de la persona fuera de control, de otros ciudadanos o de los propios agentes.

No se sabe si con esta técnica se hubiera detenido a Juan Manuel Alonso, que era como se llamaba el autor de esta tragedia, porque la situación era bastante peliaguda. Nadie ha escrito o se ha pronunciado, en opinión, sobre este caso. ¿Por qué será?

En paralelo, el deporte dejó sus contrastes: el Tenerife ganó en el último minuto; el Canarias cayó ante el campeón copero; las chicas resistieron pese a la derrota. La calima sustituyó al frío como tema de conversación. Y AENA anunció subidas de tasas aeroportuarias que vuelven a enfrentar rentabilidad y servicio público en un territorio ultraperiférico que no puede permitirse experimentos contables.

El Tenerife jugó el pasado sábado en un patatal y ganó. Lo hizo en el último minuto y de penalti, que en este caso fue bastante justo, habiéndose tragado uno antes. Ganó, vuelve a poner tierra de por medio y sigue para adelante.

Por su parte, el Canarias perdió en su primer partido de la Copa del Rey. Lo hizo ante el Baskonia, que nos parecía un rival asequible y que lo íbamos a vapulear. Nada más lejos de cualquier posibilidad. Fueron los que se llevaron la Copa, es decir, perdimos ante el campeón, e incluso le ganaron al Real Madrid por más de diez puntos.

Y las chicas que no pudieron con el Real Madrid y perdieron, pero siguen intactas sus posibilidades de seguir en la élite del futbol femenino.

Eso sin olvidarme de las tasas aeroportuarias y que AENA quiere subir sin contar con nadie. Decía la Gaceta de Canarias ayer que el debate estaba servido. “Y esta vez no basta con anunciar cifras de inversión acompañadas de una subida aparentemente modesta. Lo que está en juego es el equilibrio entre rentabilidad y servicio público, entre mercado y cohesión territorial. En un territorio ultraperiférico, ese equilibrio no es una cuestión contable: es una cuestión de justicia. Así que seguiremos denunciando el enésimo sablazo voraz de AENA”.

Es decir que pagan unas posibles obras con lo que recauden y eso no puede ser porque en otros sitios no lo han hecho y porque hay demasiadas carencias en los actuales aeropuertos que son los más rentables para la red.

Fue, en definitiva, un fin de semana completo en noticias y emociones. No obstante, por encima de todo queda una certeza: mientras no seamos capaces de anticiparnos a la violencia y proteger de verdad a los más vulnerables, cualquier celebración, cualquier victoria deportiva o cualquier debate económico sonará inevitablemente a ruido de fondo. Lo esencial sigue siendo evitar que otro niño se convierta en cifra.

Escucha El Monólogo de Pepe Moreno