Nos dicen que la economía va bien. Que los datos macro sonríen, que los indicadores avanzan y que el país progresa. Pero basta con entrar en un supermercado para comprobar que esa película no se proyecta en la vida real de la mayoría de los ciudadanos.
El Gobierno de Canarias ha bajado el IGIC en productos básicos de alimentación, una medida positiva y necesaria, pero insuficiente frente a una realidad que aprieta cada día más. El salario que cotiza un trabajador medio ronda los 1.221 euros brutos al mes, mientras el IPC —aunque se modere en los titulares— sigue tensando el bolsillo. Productos de limpieza, higiene o droguería empujan cualquier carrito hasta los 100 euros sin pestañear. Y eso no es ideología: es ticket de caja.
La macroeconomía podrá ir bien, pero esa no es la economía del 70% de los españoles que viven de su sueldo, no de estadísticas. Por mucho que las comunidades autónomas intenten amortiguar el golpe, a nivel nacional no parece que esto tenga freno a corto plazo. Todo seguirá siendo más caro y los salarios no darán. Está más claro que la tabla del uno.
Pero mientras aquí discutimos sobre décimas de inflación, el mundo arde. La situación geopolítica es cada vez más estresante y estruendosa. Esta misma mañana, Estados Unidos e Israel han atacado al régimen ayatolá de Irán. Informaciones internacionales apuntan incluso a la muerte del líder supremo. Las reacciones políticas han sido de lo más variopintas. El presidente Sánchez ha condenado los ataques y ha pedido diálogo. La Unión Europea ha sido informada a última hora. Poco pinta Europa en esta jugada y, sinceramente, mal lo ha hecho para llegar a este punto.
Con tanta corrección impostada, tanto quedabienismo y determinadas políticas que han debilitado su peso estratégico, Estados Unidos ya no mira a Europa como socio decisivo, sino como actor secundario. Y tampoco hace falta ser un erudito geoestratégico para entenderlo. Donald Trump tiene claro, en su forma de pensar, que Europa no pinta nada en el tablero central: Ucrania, Rusia, Gaza, Israel, Oriente Medio, Groenlandia como eje vital, China observando con paciencia y poder económico agazapado, Corea del Norte a lo suyo con su líder elevado a categoría divina. Un cóctel explosivo.
Y en medio de todo eso, Canarias. Un territorio estratégico, básico en el Atlántico, mirando a Marruecos y al supuesto buen rollo diplomático con el Gobierno central —ironía activada—. Ya saben, lo del móvil del presidente. Todo suma en un contexto donde la seguridad, la defensa y la posición internacional importan más que nunca.
Entramos en la política nacional y el espectáculo no mejora. Seguimos atrapados en bloques, en tácticas, en la pelea permanente. La necesidad de grandes partidos de Estado es más evidente que nunca. PSOE y PP, con todas sus diferencias, son los únicos con capacidad real para aportar estabilidad en un momento donde el mundo se mueve a velocidad de vértigo. Orden y progreso no como eslogan, sino como obligación.
En paralelo, la desclasificación del 23-F ha reabierto debates históricos y colocado a Juan Carlos I en un lugar incómodo para muchos. Una cosa es su papel institucional en un momento crítico y otra su vida privada y sus cuentas pendientes con la Hacienda pública. Mezclarlo todo no ayuda a vivir mejor ni a entender el presente.
Y mientras el mundo se recompone a golpes y misiles, el padre Teide muestra movimientos que exigen rigor informativo. Nada extraordinario en tierra volcánica, pero sí responsabilidad institucional. Cabildo, Gobierno de Canarias y Pevolca están informando con seriedad. Lo preocupante vuelve a ser el tratamiento exagerado de algunos medios nacionales cuando miran al Archipiélago. Ya lo vimos en La Palma. Canarias no es más que nadie, pero tampoco menos.
Al final, todo converge en lo mismo: bienestar, salarios que den, precios que no asfixien y una política exterior y de defensa que no nos deje fuera del tablero. Porque el carrito de la compra y la geopolítica no son mundos separados. Cuando el mundo se desestabiliza, la factura también llega al supermercado.
Que tengan buena semana y un mejor mes de marzo.