‘Canarias ante el espejo: precios altos, modelos cansados y la industria como salida real’, por Víctor Portugués

A veces un territorio necesita detenerse un momento y mirarse con cierta honestidad. Sin euforia, sin dramatismos y sin discursos demasiado complacientes. Simplemente preguntarse qué está funcionando y qué no.

Canarias vive uno de esos momentos. Las cifras económicas hablan de crecimiento. El turismo vuelve a batir récords, la actividad económica se mantiene dinámica y el archipiélago crece por encima de la media nacional. Sobre el papel, los datos invitan al optimismo.

Pero basta con salir a la calle, hablar con empresarios, trabajadores o jóvenes que intentan construir su futuro aquí,para percibir otra sensación menos confortable: la de que ese crecimiento no está llegando a todos con la misma intensidad.

Es como si Canarias estuviera prosperando… pero no del todo. Y cuando esa sensación se repite durante demasiado tiempo, conviene preguntarse qué está reflejando realmente ese espejo.

Cuando crecer no significa necesariamente avanzar

El crecimiento económico es importante, sin duda. Pero no siempre cuenta toda la historia.

Canarias cerró el último año con un crecimiento económico notable y con cifras de actividad que muchos territorios europeos envidiarían. Sin embargo, esa realidad convive con otra menos visible: salarios que siguen por debajo de la media nacional, dificultades para acceder a la vivienda y un coste de la vida que continúa aumentando.

El resultado es una paradoja que cada vez aparece con más frecuencia en las conversaciones cotidianas: la economía crece, pero muchas personas no sienten que su situación mejore con la misma rapidez. No es una contradicción exclusiva de Canarias. Ocurre en muchas economías abiertas y dependientes de factores externos. Pero en un territorio insular, con un mercado limitado y una elevada dependencia del exterior, esas tensiones se perciben con especial intensidad.

Por eso, más allá de los ciclos económicos, la cuestión de fondo es otra: qué modelo económico queremos construir para las próximas décadas.

Un motor potente, pero insuficiente

Sería injusto no reconocer el papel que el turismo ha tenido en el desarrollo del archipiélago. Durante décadas ha sido un motor extraordinario de empleo, inversión y actividad empresarial. Y sigue siendo un sector esencial para la economía de las islas.

Pero también es evidente que ningún territorio puede sostener su estabilidad económica dependiendo casi exclusivamente de un solo sector.

En Canarias, más del 85 % de la actividad económica está vinculada directa o indirectamente al sector servicios. Esto no significa que el modelo haya fracasado, pero sí que ha llegado a un punto en el que necesita complementarse.

Las economías más estables son aquellas que combinan distintos motores productivos: servicios, industria, innovación tecnológica y producción local. Cuando uno de esos motores se ralentiza, los otros sostienen el conjunto.Ese equilibrio es precisamente lo que Canarias necesita construir.

La industria: el pilar que falta

Durante años la industria ha sido vista en Canarias como un sector secundario o incluso residual. Sin embargo, en la mayoría de las economías avanzadas la industria sigue siendo uno de los principales generadores de valor añadido, innovación y empleo cualificado.

No se trata de recuperar modelos industriales del pasado ni de imaginar fábricas contaminantes que nada tienen que ver con la realidad actual. La industria del siglo XXI es tecnológica, sostenible y profundamente vinculada al conocimiento.

Y en ese terreno Canarias tiene oportunidades reales. Las energías renovables, por ejemplo, no solo representan una necesidad ambiental, sino también una oportunidad económica de primer orden. El potencial solar y eólico del archipiélago es excepcional, y podría convertir a las islas en un referente en tecnologías energéticas adaptadas a territorios insulares.

La economía azul y la biotecnología marina representan otro campo de enorme potencial. La posición atlántica de Canarias y la calidad de sus ecosistemas marinos ofrecen oportunidades científicas e industriales que pocos territorios europeos poseen.

También el sector agroalimentario de calidad puede desempeñar un papel importante si se apuesta decididamente por la transformación industrial, la innovación y la exportación de productos diferenciados.

Incluso sectores emergentes como la tecnología aeroespacial, la teledetección o la economía digital encuentran en las islas condiciones geográficas y fiscales que pueden resultar especialmente atractivas.

En todos estos ámbitos, la industria no es solo una actividad económica más. Es un multiplicador de oportunidades.

Los frenos que siguen existiendo

Si las oportunidades están identificadas, la pregunta es inevitable: ¿por qué no avanzamos más rápido?

Las respuestas aparecen con frecuencia en las conversaciones empresariales. La primera es la burocracia. Procedimientos largos, trámites complejos y procesos administrativos que en ocasiones se prolongan durante años antes de que un proyecto pueda ponerse en marcha.

La segunda es el coste energético. En un momento en el que la industria moderna necesita electricidad competitiva para crecer, Canarias continúa arrastrando una dependencia energética que penaliza su competitividad.

La tercera tiene que ver con la formación. Muchas empresas industriales señalan la dificultad para encontrar perfiles técnicos cualificados como uno de los principales obstáculos para su crecimiento.

Son problemas conocidos y, en gran medida, solucionables si existe una estrategia clara y sostenida en el tiempo.

El reto generacional

Hay un dato que debería hacernos reflexionar más que cualquier indicador económico: muchos jóvenes canarios dudan de que puedan construir su futuro aquí con estabilidad.

No porque falte talento, ni porque falten ganas de trabajar. Todo lo contrario. Canarias cuenta con una generación joven cada vez más preparada y con una enorme capacidad para emprender. El problema es que demasiadas veces perciben que las oportunidades profesionales más estables se encuentran fuera del archipiélago.

Cuando una sociedad empieza a perder confianza en su propio futuro, el desafío deja de ser económico para convertirse también en social. Crear una base industrial más sólida no resolverá todos los problemas, pero sí puede ofrecer algo muy importante: empleos cualificados, carreras profesionales estables y la posibilidad real de construir proyectos de vida en las islas.

Mirar el futuro con realismo

Canarias tiene muchas fortalezas: talento, posición geográfica estratégica, un régimen económico y fiscal singular y una sociedad abierta al mundo.

Pero también tiene desafíos estructurales que ya no pueden seguir aplazándose indefinidamente. La economía del archipiélago no necesita crecer más deprisa. Necesita crecer mejor.

Necesita un modelo más equilibrado, donde el turismo siga siendo un pilar fundamental, pero donde la industria, la innovación y la producción de valor añadido tengan también un papel protagonista.

Porque al final, detrás de cada indicador económico hay algo mucho más importante: las personas que viven y trabajan en estas islas.

Personas que quieren estabilidad, oportunidades y la tranquilidad de saber que el futuro de Canarias no depende únicamente de factores que ocurren a miles de kilómetros.

Y para construir ese futuro, mirarse al espejo de vez en cuando no es un gesto de debilidad.

Es el primer paso para avanzar con más claridad.

Víctor Portugués Carrillo

ECONOMISTA